Si no has ido últimamente a Querétaro tienes que plantearte muy seriamente ponerlo en tu agenda. Además de los atractivos conocidos y clásicos de la ciudad, tienes que conocer las historias de don Bartolo, el árbol de las tres cruces y la historia de una bandolera que intimidó a la ciudad y sus poblaciones aledañas. Estos atractivos te sorprenderán en esta ciudad patrimonio cultural de la Humanidad.

Los edificios pertenecientes al barroco colonial del siglo XVIII son un legado histórico, por eso desde 1996 ese centro histórico se sumó a la lista de sitios patromoniales de la Unesco. Para que los puedas conocer a fondo no te pierdas distintos recorridos peatonales o en tranvía. Aquí te compartimos cuatro historias ocultas fascinantes. Toma nota.

1.- Leonarda Martínez La Carambada.

Cuenta la leyenda que Martínez alias La Carambada fue causante de la muerte de Benito Juárez. Aquí la historia NO oficial, pues nos dijeron que el Benemérito murió de angina de pecho. Pues la otra versión dice que la bandolera se enamoró de un militar imperialista destinado a ser fusilado y para salvarlo, acudió con Benito Zenea, gobernador de Querétaro, y con el presidente Benito Juárez, para solicitar el perdón de su amado. Pero ante la negativa de estos juró venganza.

La Carambada tuvo contacto con una curandera que le enseñó los efectos de la veintiunilla, yerba cuyos efectos actúan después de ingerirla. En 1872, la bandolera le ofreció el brebaje a Juárez, con la cual, se dice, logró su cometido. Cuentan que mujer murió en el convento de Santa Rosa de Viterbo.

2.- La Casa de Don Bartolo

A mediados del siglo XVII vivía don Bartolo Sadanetta y su hermana, quienes  pasaban por una situación económica difícil. Repentinamente la suerte cambió. Construyó una residencia y abrió comercios con la venta de productos importados de España y China. Además, era prestamista implacable quien, al primer retraso de pago, quitaba los bienes. Por las noches ofrecía grandes fiestas y siempre repetía: “Señores, brindo por la señora mi hermana, por mi ánima y por el 20 de mayo de 1701″. Nadie entendía que significaba esa fecha.

Un día, se escuchó una fuerte detonación, apareciendo sobre la ciudad un fulgor rojo. Al día siguiente, al no salir nadie de la casa,  las autoridades forzaron la puerta y, encontraron una escena espeluznante. Al pie de la cama, yacía el cadáver de la hermana, estrangulada. Pegado al techo estaba Don Bartolo, carbonizado, cuyo gesto reflejaba horror. Un olor de azufre perfumó la residencia. Tenía en sus manos un rótulo que decía: “Castigado así por hipócrita, asesino y ladrón”.

Cuenta la leyenda que finalmente fue encontrado un contrato entre Don Bartolo y el mismísimo Satanás. Le había vendido al Malo su alma a los 50 años, a cambio de riquezas, honores y placeres. Por años esta casa estuvo deshabitada, debido a las apariciones y gritos de lamento que ocurrían. Hoy alberga oficinas gubernamentales.

3.- El Acueducto

Si quieres escuchar una historia de amor imposible acércate al Acueducto de Querétaro, construido entre 1726 y 1735  por Juan Antonio de Urrutia y Arana, Marqués de la Villa del Villar del Águila, por petición de una de las monjas capuchinas.

La leyenda narra que entre el Marqués y sor Marcela nació un amor imposible. La monja era consciente de que los pobladores tenían la necesidad de contar con agua, por lo que, sabiendo las intenciones del Marqués, le pidió la construcción del acueducto. El enamorado accedió a los deseos de su amada e inició una de las construcciones más emblemáticas de Querétaro con la esperanza de que con el tiempo la religiosa cediera a sus intenciones. Lamentablemente no sabemos el desenlace de ese amor, ¡pero sí podemos apreciar el acueducto!

4.- Árbol de las tres cruces

El recorrido concluye en la iglesia de la Cruz, ubicada en la cima del cerro de Sangremal, uno de los edificios religiosos más representativos de Querétaro, ya que se encuentra justo en el sitio donde se fundó la ciudad.

Se cuenta que el fraile franciscano, Antonio Márgil de Jesús, arribó al convento en junio de 1697. El religioso, al llegar fatigado de una misión evangelizadora, clavó su bastón en el huerto del templo; lo que provocó que comenzará a crecer un árbol con espinas en forma de cruces. El famoso árbol de las cruces se ha convertido en un atractivo, ya que muchos de los visitantes lo consideran milagroso.

Otro dato curioso: una de las celdas del convento, en 1876, sirvió de prisión al emperador Fernando Maximiliano de Habsburgo.

 

Por Alejandrina Aguirre Arvizu