La princesa Mako de Japón está por dejar de serlo. La nieta del emperador Akihito, y hermana del futuro emperador Hisaito, se casará con un plebeyo por lo que perderá su título y el tratamiento de alteza (en Japón está prohibido que una mujer de la realeza haga tal osadía).

Por lo tanto, deberá aprender muchas cosas tan cotidianas, para los mortales sin alcurnia, como conducir un auto y surtir la lista del súper. Además, de hacerse cargo de su propio hogar.

Mako renunciará a la realeza para casarse con el abogado Kei Komuro.

La noticia lleva a recordar a otras mujeres que en algún momento de su vida pertenecieron a la nobleza, pero que, por distintos motivos, perdieron ese privilegio.

Sayako Kuroda (ex princesa Nori de Japón)

La princesa Mako tiene un ejemplo a seguir. Su tía, Sayako Kuroda, alguna vez conocida como la princesa Nori, por ser la menor de los tres hijos de los emperadores Akihito y Michiko.

El 15 de noviembre de 2005 se casó con el urbanista Yoshiki Kuroda, funcionario del ayuntamiento de Tokio. Fue una boda de ensueño pero en cierto modo triste porque la apartó de su familia en el sentido más literal, porque ahora debe pedir audiencia para poder verse con sus padres.

Sayako (der.) con su marido Yosiki Kuroda. Son felices pero no procrearon hijos.

Ornitóloga de profesión, actualmente trabaja en el Museo Didáctico de la Universidad de Tamagawa. Además de su sueldo, la Casa Imperial le pasa una pensión anual de 1.29 millones de dólares para que lleve “una vida digna de la hija de un emperador”.

Tessy Antony (ex princesa de Luxemburgo)

Militar de carrera en el ejército de Luxemburgo, Tessy fue enviada a los Balcanes en 2004 como parte de una misión de paz. Poco después su contingente recibió la visita del príncipe Luis, quien de inmediato quedó flechado por la joven suboficial.

El romance pasó a mayores, y aún cuando ambos rebasaban apenas los 20 años, decidieron casarse. La Casa Real puso toda serie de objeciones pero terminó por aceptar.

Tuvieron dos hijos (Gabriel y Noé), construyeron un hogar y… se divorciaron a principios de este año, bajo el argumento de tener “diferencias irreconciliables”.

Para Tessy lo peor no ha sido que ya nadie la llame alteza real, sino tener que luchar por la custodia de sus pequeños. Los parientes de su ex marido, comenzando por su ex suegro el Gran Duque Enrique, creen que ella no está en condiciones de criar a dos príncipes.

Alexandra Manley (ex princesa de Dinamarca) 

Hija de un magnate británico de ascendencia china, Alexandra Manley recibió la mejor educación y parecía destinada a convertirse en una influyente consultora bursátil, hasta que por su camino se cruzó Joaquín de Dinamarca (hijo de la reina Margarita II), de quien se enamoró perdidamente.

Se casaron en noviembre de 1995 y poco después procrearon dos hijos (Nicolás y Félix), pero su matrimonio no fue feliz. Alexandra estaba muy enamorada, pero su marido parecía obsesionado con su cuñada, la princesa Mary, a quien en alguna ocasión trató de besar.

Alexandra no soportó la situación, así que en 2007 se divorció de Joaquín en términos tan amigables que recibió una jugosa indemnización, así como el título de condesa de Frederiksborg.

Al poco tiempo rehizo su vida y se casó con Martin Jorgensen, un guapo fotógrafo quince años menor que ella.

Se divorció nuevamente en 2015. Desde entonces se dedica a sus hijos y a vivir bien, gracias a la pensión anual de 300,000 dólares que le pasa puntualmente el padre de sus hijos.

Sarah Ferguson (ex princesa de Inglaterra)

Su matrimonio con Andrés de Inglaterra (el tercero de los 4 hijos de la reina Isabel) fue motivo de escándalo desde que se anunció a principios de 1986, pocos daban crédito a que un hombre tan bien parecido como el príncipe hubiera escogido por compañera a una plebeya no muy agraciada.

Se casaron a mediados de ese año y estuvieron juntos una década, tiempo suficiente para procrear dos princesas (Eugenia y Beatriz) y protagonizar escándalos por la filtración a la prensa mutuas infidelidades. En las que ambos estaban de acuerdo.

El colmo fue la publicación de unas imágenes de la princesa en topless acompañado de un amigo besándole los pies.  Poco después la pareja anunció su separación y en 1986 consumaron su divorcio, en términos tan amigables que, no solo conservó el título de duquesa de York y sino que siguió viviendo en el mismo palacio.

A pesar del apoyo del príncipe Andrés, la situación económica de Sarah no es desahogada, así que para allegarse recursos ha incursionado como modelo de comerciales, coach de vida y escritora de cuentos infantiles. No le va mal porque sigue dándose vida de princesa.

(Por Pedro C. Baca)