Cierto que las mujeres de la realeza disfrutan de una vida de lujos y privilegios, pero también enfrentan desafíos y una que otra injusticia, como ser relegadas -o de plano excluidas- de la línea de sucesión a la corona debido a su género.

Esta situación nos pone a pensar en 4 princesas de nuestro tiempo que, de no haber existido esta restricción, estarían sentadas en el trono o preparándose para acceder a él. A continuación te las presentamos.

Marta Luisa de Noruega: el cambio que llegó tarde

Primogénita de los reyes Harald V y Sonia, Marta Luisa nació el 22 de septiembre de 1971, cuando en Noruega estaba vigente aún la llamada ley sálica, dando preferencia al hombre sobre la mujer en el acceso al trono.

Así que la princesa quedó atrás de su hermano, Haakon Magnus, nacido dos años después.

La disposición fue derogada en 1990 pero no aplicó para Marta Luisa, sino para la siguiente generación.

Esta situación no le amargó la vida, le dio más libertad.  Fisioterapeuta de profesión. Se casó por amor con el escritor danés Ari Benh, de quien recién se divorció luego de procrear a tres preciosas niñas.

Elena de España: la mujer que se quedó atrás

La mayor de los tres hijos de Juan Carlos I y Sofía, los actuales reyes eméritos de España, Elena de Borbón tuvo que conformarse con el título de infanta luego del nacimiento de su hermano Felipe, quien se convirtió en príncipe de Asturias, es decir, heredero de la corona.

En cuanto a Elena, su padre la compensó con mucho cariño y colocándola al frente de varias fundaciones altruistas, además de convertirla en duquesa de Lugo, cuando ella se casó con el aristócrata Jaime de Marichalar.

Ahora, bajo el reinado de su hermano Felipe, ya no tiene agenda de eventos oficiales, pero sigue vinculada con varias causas sociales como campañas de protección a niños sin techo.

Carolina de Mónaco: simplemente una primera dama

Primogénita de los difuntos príncipes reinantes de Mónaco, Raniero III y Grace, no fue educada para reinar porque ese sitio estuvo reservado para su hermano menor Alberto.

Sin embargo, algunas circunstancias la convirtieron en una figura principal en la vida del pequeño pero inmensamente rico principado.

En septiembre de 1982, murió su madre y, como Raniero no volvió a casarse, Carolina se convirtió en una especie de “primera dama”. Labor que prosiguió durante los primeros años de reinado de su hermano Alberto.

Ahora que el príncipe está casado, Carolina sigue atendiendo algunos compromisos sociales en Mónaco, a la vez que cumple sus obligaciones como princesa de Hannover, título que adquirió con su matrimonio con el príncipe Ernesto de Hannover.

Aiko de Japón: condenada al silencio

Triste, es la palabra más adecuada para describir la vida de la única hija de los príncipes herederos Naruhito y Masako. Ese sentimiento acompañó el anuncio del nacimiento de Aiko porque la Casa Imperial añoraba un varón.

Su madre ya no pudo tener más descendientes y se sumió en una profunda depresión de la que no ha podido librarse. Sin embargo, Aiko ha sido una niña querida y valorada, inclusive por su estricto abuelo, el emperador Akihito.

La princesa, actualmente de 15 años de edad, no figura en la línea de sucesión al trono japonés, reservado exclusivamente para varones. Y si cuando sea mayor se casa con un plebeyo perderá el tratamiento de alteza real.

(Por Pedro C. Baca)