Si te preguntan qué te pareció un vino, acuérdate de estos consejos.

¿Te has quedado boquiabierto cuando alguien empieza a citar términos sofisticados cuando describen a un vino en alguna comida o cena? Es normal, a todos nos ha pasado (al menos a mí, muchas veces). Pero es cierto que describir un vino implica haber probado una buena cantidad de diferentes tipos de tintos, blancos, rosados y espumosos. Hay quienes hacen de esta práctica y conocimiento su profesión, como el sommelier Mauricio Millán, de la casa Monte Xanic, pero no es necesario ser un perfecto especialista para empezar a usar el lenguaje de los muy conocedores. El mismo experto Millán nos ayuda a ubicar unos tips muy útiles para ir manejando este vocabulario. No hullas, no es tan complicado.

“Suele haber muchos adjetivos para describir los vinos –dice nuestro somellier–, y a menudo algunos de ellos significan lo mismo y no lo sabemos”. Checa los adjetivos a los que se refiere:

Vino “joven” o “afrutado”

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Se refiere a vinos de fecha reciente en su etiqueta (o sea no son viejos, máximo unos tres años), que suelen tener colores de juventud en su aspecto, sus aromas y al paladar. ¿Cómo identificarlos? Podemos hallar comúnmente en ellos aromas y sabores de fruta fresca, y suelen ser suaves al paladar. Su evolución en la botella no se recomienda, pues no mejorarán con el paso del tiempo. “No hay que guardarlos tanto tiempo”, advierte Mauricio Millán.

Vino “suave”, “sutil”, de “cuerpo ligero”

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Aunque están relacionados con vinos jóvenes, no siempre lo son. Suelen identificarse por ser vinos cuya intensidad en nuestra boca es como su nombre los describe: suave, la sensación alcohólica es baja y así como su astringencia (este término es muy usado por los vinícolas, significa un sabor entre seco y amargo) muy moderada. “Algunas uvas son tendientes a desarrollar estos vinos por ejemplo la Pinot Noir o la Gamay”, agrega el experto.

Vinos “Reserva”, “añejados”, “de guarda”

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Son aquellos que se mantuvieron por periodos superiores a los 12 meses de barrica por otro tiempo similar en botella antes de ponerse de venta en el mercado. ¿Qué significa eso? Nos habla de un vino con una estructura más compleja en el aspecto aromático y gustativo. No sólo se encuentran aspectos frutales sino que ya figura como sabor relevante la madera donde reposó y todos los aromas y sabores generados en ella. Estos vinos suelen tener una evolución lenta en botella y por lo tanto tienen más capacidad de guarda que los “jóvenes”.

Vinos “robustos”, “corpulentos”, “potentes”, “fuertes”, “carnosos”, “tánicos”

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Sí, son muchas las maneras y los adjetivos para describir vinos que tienen gran intensidad, sobre todo en el paladar, llenos de mucho sabor y con alta sensación astringente; en algunas ocasiones incluso puede percibirse su sabor como agresivo. Deben estar balanceados también con una sensación alcohólica de calidad y una rica salivación por medio de la acidez.

Vinos “redondos”, “elegantes”, “complejos”

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Este, obsta decir, es el estado óptimo de los vinos, donde todos los elementos guardan una armonía, desde el aspecto evolutivo de sus aromas –se suelen encontrar frutas, acompañados de otros elementos aromáticos de su reposo– y de su natural evolución, hasta su sabor, jugoso, con mucha duración y con un balance entre sensaciones de salivación, untuosidad y astringencia. “Suelen ser vinos con longevidad que bien vale la pena guardar un poco… ¡si te aguantas las ganas de tomártelos!”, dice Millán.

(Por JR)

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