Es un hecho, Luis y Tessy de Luxemburgo están en trámites de su divorcio. Darán fin a su historia de amor que arrancó una década atrás, cuando el entonces jovencísimo príncipe fue flechado por la guapa militar y renunció a sus derechos dinásticos para estar con ella.

Les espera un proceso difícil en el que están en juego, títulos nobiliarios, una inmensa fortuna y la custodia de sus dos hijos, los príncipes Gabriel y Noé.

El desafío que tienen enfrente invita a recordar los siete más recientes truenes matrimoniales que involucraron a miembros de la realeza europea.

1.- Ana de Inglaterra y Mark Phillips: presiones externas

En 1973 la única hija de Isabel II creyó encontrar a su príncipe azul en el plebeyo Mark Phillips, un capitán del ejército británico con quien compartía la pasión de los deportes ecuestres.

Los esposos procrearon dos hijos y duraron juntos casi dos décadas. Tuvieron sus periodos de felicidad, pero él se cansó de lidiar con los rumores de que era apocado y mantenido.

2.- Joaquín de Dinamarca y Alexandra Manley: falta de interés

El menor de los hijos de Margarita II y la aristócrata de ascendencia asiática se casaron muy enamorados en 1995 y procrearon dos preciosos principitos, Nicolás y Félix.

Todo marchó bien hasta que Joaquín se interesó por su cuñada, la princesa Mary, quien despertó en él una pasión (no correspondida) que lo hizo descuidar su matrimonio.

Alexandra se mostró paciente, hasta que conoció al joven y apuesto fotógrafo Martín Jorgensen. En 2005 obtuvo el divorcio. Dos años después, Joaquín se casó con una aristócrata francesa que se llama… María.

3.- Marta Luisa de Noruega y Ari Behn: cansancio natural

La primogénita de Harald V de Noruega fue una chica bastante consentida y uno de sus mayores caprichos fue casarse con Ari Behn, un aspirante a escritor que tenía bonita sonrisa.

El matrimonio duró 14 años, tiempo en el que Ari probó suerte en la literatura, el canto y la actuación, con muy modestos resultados.

Cansada de tanta mediocridad la princesa solicitó el divorció a mediados del año pasado. Su marido se le concedió a cambio de una jugosa indemnización. y el derecho a compartir la custodia de las tres hijas que tienen en común.

4.- Carlos de Gales y Lady Diana Spencer: solo un espejismo

En 1981 el heredero de la corona británica desposó a una tímida aristócrata quien de inmediato conquistó el cariño de media humanidad. Parecía que habían formado el matrimonio perfecto.

No pasó mucho tiempo para descubrir que lo único en común que tenían eran dos hijos. En 1992 acordaron hacer vidas separadas, pero ni así lograron convivir civilizadamente.

Cuatro años después tramitaron el divorcio. Al poco tiempo, Diana de Gales murió en un accidente automovilístico.

5.- Carolina de Mónaco y Philippe Junot: error de juventud

En 1978 los monegascos se sorprendieron al enterarse que su joven y hermosa princesa Carolina había obtenido la autorización de Raniero II, su padre, para casarse con Philippe Junot, un apuesto francés, plebeyo y sin fortuna.

Carolina tardó un año en darse cuenta de su error y uno más en tramitar el divorcio que, como era de esperarse, Junot firmó hasta asegurarse que su sufrimiento por la ruptura sería compensado con un abultado depósito bancario.

6.- Elena de Borbón y Jaime de Marichalar: diferencias irreconciliables

La infanta española no fue precisamente una joven agraciada, pero hizo buen matrimonio con Jaime de Marichalar, un acaudalado aristócrata que se convirtió en yerno consentido del rey Juan Carlos.

Los esposos formaron una bonita familia con dos hijos y Marichalar estimuló a su esposa a cuidar más su imagen y refinar su vestuario.

Sus problemas comenzaron cuando perdieron a su tercer hijo. Poco después, Jaime enfrentó problemas neurológicos que lo volvieron muy irritable. Para finales de 2007 decidieron separarse y dos años después obtuvieron el divorcio.

7.- Andrés de York y Sarah Ferguson: conducta impropia

Se casaron en 1986 con muy buenos augurios porque ambos eran desenvueltos, fiesteros e irrespetuosos con el rígido protocolo británico. Como regalo de bodas la reina Isabel II los nombró duques de York.

Sin embargo, Andrés no era hombre de estar en casa. Sarah no se lo reprochó pero tampoco se conformó con cuidar de sus hijas, las princesas Beatriz y Eugenia.

En agosto de 1992 un tabloide británico publicó unas fotos de la duquesa en topless en compañía de un amigo que le chupaba el dedo de un pie. Poco después la Casa Real anunció la separación de la pareja que, cuatro años después, acordó su ruptura definitiva.

(Por Pedro C. Baca)