A sus 93 años Isabel II se muestra lúcida, firme y con muchos deseos de proseguir el que será recordado como el reinado más largo en la historia de la monarquía británica.

La verdad es que al verla tan entera surge una pregunta obligada: ¿Cómo le hace para mantenerse así?

Hay muchas teorías, pero expertos en temas de estilo de vida saludable declararon recientemente a la BBC que todo se debe a nueve «aspectos» que han regido la larga vida de Su Majestad:

Buenos genes

Isabel II puede dar las gracias a las mujeres de su familia, comenzando por su madre, la reina madre Isabel, quien vivió 101 años.

Su abuela paterna, la reina María, vivió hasta los 85, y su tatarabuela paterna, la reina Victoria I, llegó a los 82.

Ni fuma, ni bebe en exceso

Hasta sus biógrafos más críticos resaltan el estilo de vida recatado que la monarca ha llevado desde su niñez.

En su menú diario hay poco espacio para las bebidas alcohólicas y detesta el cigarro, por una razón sentimental: nunca ha dejado de culpar al tabaco de haber acelerado la muerte de su padre, el rey Jorge VI.

Matrimonio estable

Isabel II lleva 72 años de casada con el príncipe Felipe de Edimburgo, con quien ha formado una pareja estable y que se complementa.

Para nadie es un secreto que el príncipe tuvo varias «amigas», pero el matrimonio solamente ha pasado una crisis grave, a mediados de los años cincuenta.

Entonces, Felipe de Edimburgo se cuestionó su papel dentro de la monarquía, sobre todo porque no se le permitió heredar su apellido a sus descendientes con título nobiliario.

Dieta saludable

La reina parece aplicar en su vida aquello de «nada con exceso, todo con medida», no es dada a propasarse con la comida.

Degusta con buen ánimo platillos sencillos a base de pollo o salmón y es fanática de las ensaladas.

No come papas, ni arroz, ni nunca se le sirve pasta en la cena.

Ejercicio y descanso

El círculo cercano de Isabel II confirma que la monarca monta a caballo dos veces por semana, le gusta el movimiento y le molesta pasar mucho tiempo sentada.

De hecho, son legendarios los largos paseos que acostumbra dar con su primer ministro en turno, mientras discuten asuntos de gobierno.

La reina jamás ha sido fanática de las fiestas y procura cubrir puntualmente su rutina de descanso, aun cuando tiene un ejército de colaboradores al lado de su alcoba.

Se adapta a los cambios

Isabel II es una mujer sensata y muy racional que observa mucho, medita y habla poco, jamás se ha dejado llevar por los impulsos.

En septiembre de 1997, cuando enfrentó la peor crisis de su reinado, debido a la frialdad que mostró ante el deceso de su exnuera Diana de Gales, logró recapacitar a tiempo y aceptó hacer lo que podría interpretarse como una humillación, hacer una reverencia ante el féretro de la fallecida.

Ese breve gesto la reconcilió con los británicos.

Actividad mental

Como jefe de Estado en Reino Unido y de otros 15 países de la Commonwealth, la reina tiene muchas cosas que ocupan su mente.

Aún ahora lee y escribe su correspondencia, se prepara para sus audiencias y conversa con todo tipo de gente.

Entorno familiar cálido

Isabel II no tuvo una relación cercana con ninguno de sus cuatro hijos cuando ellos eran niños, pero todo ha sido muy diferente con sus nietos y bisnietos con quienes se ha permitido muestras de afecto en público.

Para nadie es un secreto que adora en especial al príncipe Harry, a tal grado de romper el protocolo para secundarlo en alguna ocurrencia.

Propósito de vida

No han faltado quienes se preguntan porqué Isabel II no abdica y disfruta de su vejez con toda tranquilidad.

La monarca no lo hace, según su círculo cercano, no por aferrarse a su corona, sino por honrar a su padre, quien aceptó ser rey a pesar de tener graves quebrantos de salud.

El firme compromiso que ha mostrado Isabel II con su trabajo, incluso en esta etapa de su vida, no pasa inadvertido para sus millones de súbditos que le corresponden con encendidas muestras de afecto.

Por ello, en cada acto público, la honran gritando a todo pulmón: ¡larga vida a la reina, el ancla de nuestro barco!

Por Pedro C. Baca

Foto AFP