Nuestros hábitos afectan a nuestro cuerpo, eso es indiscutible. El tipo de alimentación y actividad física que realizamos en nuestro día a día determinan el nivel de bienestar y salud presentes en nuestras vidas. Hay quienes afirman que para mantenerte saludable y retrasar el envejecimiento hay que procurar un equilibrio adecuado de nuestro pH, es decir, entre lo ácido y lo alcalino.

La teoría que manejan quienes sostienen esto es que una sustancia ácida desprende o libera iones de hidrógeno y una alcalina los absorbe.  El cuerpo humano por diseño es alcalino, pero sus funciones son acidificantes, en otras palabras, los procesos metabólicos del cuerpo producen enormes cantidades de ácido, sin embargo, para que puedan funcionar correctamente los tejidos y las células necesitan de un entorno alcalino, pues entre más acidez hay en los tejidos, los niveles de oxígeno disminuyen y el metabolismo celular se detiene, provocando que se mueran.

Las bondades (supuestas)

Estas afirmaciones están siendo analizadas por científicos, pero si bien la acidificación forma parte de las funciones que el cuerpo realiza, también se da por un desequilibrio en la dieta, generando un campo libre para que enfermedades y patologías de todo tipo nos invadan. Asimismo, los pensamientos, el estrés y las emociones negativas, así como llevar una vida sedentaria podría contribuir a que el cuerpo –dicen– se acidifique, provocando en nuestras vidas un ciclo de desequilibrio con consecuencias dañinas, entre otras: pérdida de energía, sensibilidad e irritación, mocos y congestión, inflamación, endurecimiento de los tejidos blandos, ulceración y enfermedades degenerativas (cáncer, enfermedades crónicas como diabetes, esclerosis,infartos).

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En resumen, quienes sostienen esta teoría aseguran que el cuerpo humano requiere estar alcalino-básico: mantener un pH entre 7.35 y 7.45, porque así las células y los tejidos de nuestro cuerpo pueden recibir la cantidad adecuada de oxígeno y realizar correctamente funciones vitales como la desintoxicación y una absorción correcta de nutrientes.

Insistimos, aun cuando falta una completa comprobación de las presuntas maravillas que se consiguen alcalinizando tu cuerpo, aquí te dejamos algunos consejos para ese fin:

La dieta toma un papel crucial en estos casos y es recomendable que la mayoría de lo que consumimos tenga un efecto alcalinizante, como los siguientes alimentos:

– Verduras de hojas verdes: espinacas, rúcula, brócoli, lechuga, canónigos, cilantro, espárragos, apio, etc.

– Legumbres: garbanzos, lenteja, alfalfa, guisantes, habas, ejotes, soya, frijol.

– Frutas: limón, lima, aguacate, jitomate, sandía, manzanas, naranjas, piña, pasas, dátiles, tomate.

– Semillas y nueces: almendras, avellanas, semilla de girasol, nuez de la india, etc..

– Sal sin refinar.

– Grasas: aceite de oliva, aceite de lino o de aguacate.

– Un consejo muy popular es beber por las mañana y en ayunas un vaso de agua tibia con un poco de jugo de limón, que supuestamente ayudar a que tu cuerpo se alcalinice.

  • Lograr un equilibrio emocional, porque el estrés y la ansiedad causan acidez.
  • Practicar algún deporte: el ejercicio nos hace respirar y oxigena el cuerpo, elimina toxinas, moviliza el sistema linfático, mejora el metabolismo, la presión sanguínea, equilibra el nivel de triglicéridos en la sangre y los niveles de insulina.

Alimentos a evitar por la presunta acidez que provocan:

  • Proteínas de origen animal: carne de todo tipo,huevos, productos lácteos.
  • Azúcar en todas sus formas.
  • Hidratos de carbono (arroz blanco, pasta, pan).

Por Eugenia García