A sus 19 años Alexandra de Hannover demuestra que sabe tomar decisiones difíciles a pesar de los dolorosos costos que deba pagar por ello, siempre y cuando sea por un fin muy elevado.

Así quedó en evidencia en fechas recientes, cuando la única hija en común del incorregible Ernesto de Hannover y de Carolina de Mónaco renunció a su fe luterana (heredada por la vía paterna) para convertirse al catolicismo, fe que practica su madre y sus tíos los príncipes Alberto y Estefanía de Mónaco.

¿El costo? Quedó fuera de la sucesión al trono británico en la que figuraba debido a que la Casa de Hannover está emparentada con la de Windsor, reinante en Inglaterra.

Ninguno de los nobles y aristócratas que figuran en esa línea puede practicar el catolicismo. Pero Alexandra está decidida a vivir su vida de acuerdo a sus propias convicciones, lejos de simulaciones y poses. Ello lo advirtió hace unos años en su primer encuentro con la prensa cuando pidió llamarla “simplemente Alex”.

Cierto que la princesa estaba ubicada en el lugar 411 en la línea hacia la corona inglesa, detrás de sus medios hermanos Ernesto y Cristián de Hannover, pero su sola inscripción incrementaba su estatus dentro de la nobleza y los mejores círculos sociales.

Alexandra, quien lamentablemente no heredó nada de la belleza de la princesa Carolina, conserva su tratamiento de alteza real, el título de princesa y su pertenencia por vía paterna a una de las familias reales más antiguas de Europa. No se trata de una casa reinante, pero sí de una muy acaudalada.

(Por Pedro C. Baca)