El príncipe Enrique de Inglaterra y la estadounidense Meghan Markle se casaron este sábado en Windsor, y celebraron una ceremonia llena de celebridades y con miles y miles de personas esperándolos en las calles.

Como manda el boato, la boda se celebró en un lugar altamente simbólico, la iglesia de San Jorge del castillo de Windsor, un edificio gótico originalmente del siglo XIII, donde está enterrado Enrique VIII, templo de la Orden caballeresca medieval de la Jarretera, que integran, entre otros, Isabel II, Felipe VI de España y el emperador japonés Akihito.

Esta tuvo toques del mestizaje que encarna la pareja, como el sentido sermón del obispo estadounidense Michael Curry, o la versión de la canción “Stand By Me” que hizo un coro de gospel. El arzobispo de Canterbury, Justin Welby, líder espiritual de la Iglesia anglicana, tomó los votos matrimoniales a los novios, que tuvieron las manos enlazadas durante gran parte de la ceremonia.

 

Photo:  AFP / Ben Stansall

 

Markle fue hasta la iglesia en un Rolls-Royce Phantom IV, acompañada de su madre Doria Ragland con quien descendió del auto para luego tomar su lugar para hacer la entrada triunfal al altar.

Tras toda la polémica suscitada por la ausencia de su padre Thomas Markle, Meghan Marle recorrió prácticamente sola todo el camino hasta el altar y se tomó del brazo de su suegro, el príncipe Carlos, casi al final.

Markle lucía un vestido de novia blanco diseñado por la británica Clare Waight Keller para Givenchy, con velo, escote de barco y el pelo recogido con una tiara, mientras que Enrique de Inglaterra vestía uniforme de gala militar y llegó a pie a la iglesia acompañado de su hermano Guillermo, su padrino de boda.

 

 Foto:  AFP / Ben Stansall

 

Desde luego, las distinguidas personalidades como la mayoría de los miembros de la realeza y destacadas estrellas norteamericanas, no pudieron faltan. Tanto el cantante Elton John, la presentadora de televisión Oprah Winfrey, los actores George Clooney e Idriss Elba, el exfutbolista David Beckham, o las exnovias de Enrique, Chelsy Davy y Cressida Bonas; estaban en este templo, tumba de reyes y escenario de su decimosexta boda real desde 1863.

 

Foto:  AFP  / Ian West

 

A partir de las 13H00 (12H00 GMT), los recién casados se dieron un baño de multitudes cuando recorrieron en carroza descubierta la ciudad de Windsor, donde les esperaban miles y miles de personas que vieron la ceremonia en pantallas gigantes.

Al final del paseo, de una media hora, se cerrará el telón al público y empezará la parte privada de la boda, con un almuerzo ofrecido por Isabel II en el castillo de Windsor y una fiesta de noche en la mansión Frogmore, gentileza del padre del novio, el príncipe Carlos de Gales.

 

Foto:  AFP / Phil Noble

 

En las calles de todo el país se organizaron fiestas vecinales, al amparo de unas previsiones meteorológicas esperanzadoras, y el día acabará bien regado por la muy graciosa concesión de permitir que los pubs cierren más tarde que lo habitual. Todo ello, rodeado de grandes medidas de seguridad, en un país que sufrió cinco atentados en 2017, con un balance de 36 muertos y decenas de heridos.

Actualemente, la Boda  Real es una gran operación de relaciones públicas para la Casa Real británica, que podía haber optado por la privacidad que sus jóvenes miembros suelen reclamar, pero que ha preferido echar mano de la pompa y circunstancia que la hacen atractiva.

 

(Por James PHEBY y Alfons LUNA en Londres / AFP)

 

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