Camila de Cornualles, esposa del príncipe Carlos festeja su cumpleaños entera, entusiasta y reconciliada con los británicos. ¿Qué más puede puede pedir?

En 2005 cuando Camila Parker Bowles se casó en segundas nupcias con el príncipe Carlos anunció que no usaría el título de princesa de Gales.

Aquella decisión no le costó nada porque en el protocolo real lo importante no es el título sino el tratamiento y a ella se le llamaría «alteza real», pero fue el primero de muchos gestos con los que se ha ganado «el perdón» de los británicos.

La duquesa se ha vuelto popular hasta entre aquellos que la repudiaban por considerarla como la influencia maléfica que tantos sufrimientos ocasionó a la fallecida Diana de Gales.

Pasado enterrado

Ahora todo indica que sus esfuerzos han valido la pena porque Camila goza de bastante aceptación, concluyen varias encuestas.

Los británicos parecen haberle perdonado los errores pasados que, como dirían por ahí, cometió por amor. Y ese es un buen regalo de cumpleaños.

Hay que recordar que el idilio entre Camila y el príncipe Carlos comenzó cuando ambos eran veinteañeros y solteros.

Él la amaba pero no tenía ganas de comprometerse y ella optó por casarse con el brigadier Andrew Parker Bowles.

Con Parker Bowles, Camila procreó dos hijos, Laura y Tom pero siguió cerca de Carlos, a veces como amiga y compañera de cacerías, otras como confidente y amante.

No se apartó ni siquiera cuando él le comentó sus planes de casarse con una aristócrata algo boba pero linda y virgen, Lady Diana Spencer.

Camila apoyó la idea y buscó hacerse amiga de la elegida. Algo que nunca sucedió.

Periodo turbulento

Prosiguió la historia que todos conocemos. Después de procrear a los príncipes Guillermo y Enrique, el matrimonio de Carlos y Diana naufragó.

La princesa lo atribuyó en parte a la presencia indeseable de Camila. Lo cierto es que Diana poco o nada tenía en común con su marido.

En cambio, con Camila el príncipe podía conversar de arte y ecología, montar a caballo y escuchar música clásica. Todo lo que a Diana le aburría.

Carlos recuperó su soltería en 1996, un año después de que lo hiciera Camila.

Pero sus planes de estar juntos a la vista de todos se pospusieron 9 años más, tiempo que duró el duelo de los británicos por la inesperada muerte de la Princesa del Pueblo.

Triunfo del amor

En 2005, con la venia de la reina Isabel II, Carlos y Camila pudieron casarse en una modesta ceremonia en la localidad de Windsor.

Camila lució radiante pero se mantuvo serena, acordó con su marido adoptar el título de duquesa de Cornualles, además, dejó correr la versión de que cuando él ascienda al trono, ella convertirá simplemente en princesa real.

De entonces  a la fecha ha buscado ganarse a todos, comenzando por sus hijastros, quienes siempre la han tratado con amabilidad y le han agradecido la decisión de no ostentarse como princesa de Gales, como una muestra de respeto a Diana.

Por otra parte, Camila se ha involucrado en las actividades altruistas de Carlos, de quien se convirtió en compañera tan inseparable como entusiasta.

Discreta y elegante

En su cruzada por la reivindicación la duquesa ha contado con el apoyo de su suegra, a quien se ha ganado por su discreción y elegancia.

Es un hecho que Camila de Cornualles lleva buena relación con las esposas de los príncipes Guillermo y Harry.

Por ejemplo, la duquesa de Cambridge la ha mantenido cerca de sus hijos Jorge, Carlota y Luis, casi como si fuera abuela de los niños.

Finalmente la historia está teniendo un desenlace feliz. Camila y Carlos están juntos y siempre lucen relajados y contentos.

La princesa Diana descansa en paz, presente en la memoria de todos como un precioso referente histórico de altruismo y compasión.

Y a nadie le disgusta ya que Camila pueda ostentarse como princesa de Gales y futura reina consorte de Inglaterra.

No cabe duda, este panorama es el mejor regalo de cumpleaños para quien no hace mucho fue una de las personas más odiadas en el mundo.

Por Pedro C. Baca

Fotos Arthur Edwards AFP/Pool