Sí, fue a principios de 1969 cuando Carlos de Inglaterra, el hijo mayor de la reina Isabel II se convirtió formalmente en príncipe de Gales, heredero del trono. Entonces apenas tenía 20 años de edad.

Poco ha cambiado desde aquel momento, bueno, sí, el príncipe ha dejado de ser ese joven de aspecto tímido pero cuerpo de dios griego (descripción gráfica de sus biógrafos) y ahora es un venerable señor de 70 años.

Todo a causa de la sorprendente longevidad, y más aún salud de hierro y lucidez mental de su progenitora, quien a sus casi 93 años sostiene su cetro real sin que le tiemble la mano.

Alguna vez una adivina afgana predijo que Carlos sería padre y abuelo de reyes, pero que jamás reinará. De los dichos de la mujer quedó constancia en la prensa británica.

LARGA ESPERA

Las cosas nunca han sido fáciles para Carlos de Inglaterra. De pequeño lidió con un madre fría y siempre ausente, y con un padre estricto y cruel que le regateaba las palabras de afecto.

Siempre inseguro, el príncipe creyó encontrar la estabilidad casándose con una joven adorable y de reputación intachable, Lady Diana Spencer.

Tuvo dos hijos con ella, los príncipes Guillermo y Enrique, pero nunca hubo felicidad conyugal.

El matrimonio resultó un estruendoso fracaso y cuando su exesposa murió, víctima de un accidente automovilístico, una parte de la opinión pública lo culpó «por no haberla hecho feliz».

FUERTE PENITENCIA

Dicen que el tiempo sana todo y a Carlos de Inglaterra le permitió recuperar el cariño de los británicos que reconocen su comportamiento recatado y austero, así como su labor al frente de varias fundaciones altruistas y su firme compromiso con la ecología.

Como padre trató de no repetir los mismos errores que sus progenitores y siempre ha tenido una relación cálida y espontánea con sus hijos, quienes, a cambio, lo apoyaron para que pudiera casarse con el amor de su vida, Camila Parker Bowles, hoy duquesa de Cornualles.

ANSIEDAD Y PREOCUPACIÓN

El príncipe Carlos está consciente de que su madre morirá en el trono, y que la soberana lo hará no por aferrarse al poder sino por homenajear a su propio padre, el rey Jorge V, quien se hizo cargo de su reino en uno de los peores momentos históricos y con una salud muy quebrantada.

Al actual heredero no le obsesiona ceñirse la corona, pero sabe que el tiempo pasa y que aún si pudiera sentarse en el trono ya será un «monarca viejo», «quizá poco apropiado para responder a las inquietudes de los británicos de la tercera década del siglo XXI», ha comentado el heredero en privado.

Tal vez para mayor mal augurio lleva como primer nombre el de dos reyes de trágico final, Carlos I, destronado y decapitado, Carlos II, repudiado por su pueblo en el final de su reinado.

Carlos de Gales ya ha pensado en la posibilidad de renunciar a sus derechos dinásticos y ceder su lugar a su primogénito, el príncipe Guillermo, quien a sus 36 años ya tiene una familia estable y es muy querido por los británicos.

Habrá que esperar para ver qué decisión toma el más viejo de los herederos al trono en el mundo. Tal vez su destino sea ser eternamente el príncipe de Gales.

Por Pedro C. Baca

Foto AFP