Dicen por ahí que lo que mal empieza mal acaba y parece aplicarse a lo que vive en estos días Carlota Casiraghi, luego de su ruptura definitiva con el productor de cine Dimitri Rassam.

No importó siquiera que hace menos de tres meses recibieron a su primer hijo en común, Balthazar, quien crecerá sin ver a sus padres juntos.

Carlota Casiraghi a su llegada al Museo Nacional Thyssen-Bornemisza.

¿Y por qué hablamos de lo que comenzó mal? Veamos.

Hace unos años la hija consentida de Carolina de Mónaco dejó a Gad Elmaleh, su pareja estable en aquel entonces y padre de su hijo Raphäel, para echarse en brazos del cineasta italiano Lamberto Sanfelice, a quien poco después sustituyó por Dimitri.

Entonces se supo que el nuevo novio era hijo de Carole Bouquet, amiga íntima de la princesa Carolina de Mónaco, y que estaba en trámites de separación de la modelo Masha Noselova, con quien había procreado una niña.

Más allá de su imponente físico Dimitri no tenía mucho que ver con un príncipe, pero sí tenía fama de ser un hombre responsable con ingresos suficientes para mantenerse y no ser una carga para Carlota.

Todo pareció ir viento en popa en los meses siguientes y a principios del año pasado nos enteramos que la pareja ya vivía junta y, lo mejor, ya estaba esperando a su primer hijo en común.

Poco después el Palacio Real de Mónaco confirmó el compromiso matrimonial y anunció que la boda se realizaría «en el verano» en la paradisiaca isla de Pantelleria.

Pero Rassam no logró un acuerdo de divorcio con su ex y el enlace con Carlota se pospuso indefinidamente, hasta que se supo que ya no tendrá lugar.

Después de este nuevo fracaso amoroso de Carlota, ha crecido el número de tabloides que la compara con su tía la princesa Estefanía, quien también ha tenido muy poca fortuna en el amor.

Pero, para ventura de esta princesa del jetset, ella tiene apenas 32 años y mucho futuro por delante. Eso sí, con la responsabilidad de dos hijos a quienes ama profundamente.

Por Pedro C. Baca

Foto Grosby Group