Proponte hacer algo generoso por los demás una vez a la semana. No solamente te sentirás muy bien sino que, además, estarás favoreciendo la reacción en cascada que produce el altruismo en contra del egoísmo diario que vez por todas partes.

Y es que hay estudios científicos que corroboran que los grandes cambios se generan con gestos pequeños. En el caso de la investigación liderada por James Fowler, investigador de la Universidad de California, Estados Unidos, que pone al descubierto que la generosidad se contagia y produce un efecto dominó que puede extenderse hacia tres niveles de personas o más. Además es el origen  de efectos beneficiosos impensados por la persona que inicia la cadena.

Una de las hipótesis que siempre surgen al respecto es que, cuando ayudamos a alguien, es normal esperar que la persona nos devuelva el favor. Es decir que, al ayudar, tenemos la expectativa de recibir a cambio un beneficio futuro. No resulta válida, dicen, los expertos, en la mayoría de los casos, el altruismo no puede explicarse en términos de la reciprocidad puesto que las personas a las que ayudamos en estos casos son casi siempre anónimas.

Las personas generosas o se  involucran en actividades altruistas sienten una especie de destello o sensación cálida que les recorre el cuerpo y les anima el espíritu. Los investigadores encontraron que la generosidad está vinculada, también, con la empatía y el establecimiento de vínculos entre las personas.

Por Alejandrina Aguirre Arvizu

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