La primera integrante de la realeza europea en ser enjuiciada, enfrenta un drama que va más allá de parar en la cárcel. Repudiada por su hermano el rey de España, ya perdió su título de nobleza y el buen nombre que le abría puertas. La sostiene el amor a su marido, Iñaki Urdangarin, quien ha sido el causante de sus desdichas.

Con su marido y sus cuatro hijos

  • Con su marido y sus cuatro hijos

Muy atrás quedaron las fotos en las que Cristina Federica de Borbón y Grecia se mostraba sonriente al lado de la familia real española. De hecho ya son contadas las ocasiones en que ve a sus padres, los reyes eméritos Juan Carlos y Sofía, y con su hermano, el rey Felipe VI, tiene más de año y medio de no dirigirse la palabra.

Con su madre la reina Sofia

  • Con su madre la reina Sofía

Uno de sus ultimos encuentros publicos con Felipe

  • Uno de sus últimos encuentros públicos con Felipe VI

Acusada por las autoridades españolas de ser “colaboradora necesaria” en al menos dos delitos fiscales cometidos por su cónyuge, mientras fungió como responsable de una organización civil, Cristina vive una horrible pesadilla desde finales de 2011, cuando Urdangarin fue llevado a tribunales.

En principio, las pesquisas fueron enfocadas al hombre, a quien se le acusó de tejer una red de tráfico de influencias y desvío de recursos financieros que giró en torno al Instituto Nóos, de cuyo patronato formaba parte doña Cristina.

Ante la gravedad del caso, Urdangarin fue excluido de las actividades oficiales de la realeza. Al poco tiempo su mujer corrió con la misma suerte. Y es que se opuso tajantemente a destruir su matrimonio, a pesar de la recomendación de los consejeros de la corona.

Fue necesaria la intercesión de la reina Sofía para que los cuatro hijos del matrimonio (Juan Valentín, Pablo Nicolás, Miguel e Irene) pudieran asistir en la reuniones veraniegas que año con año celebra la familia real en Palma de Mallorca.

ESCAPE IMPOSIBLE

Para protegerse del escándalo Cristina se instaló en Ginebra para trabajar en las oficinas locales de la Fundación La Caixa, pero poco después tuvo que retornar a España, acusada de complicidad, blanqueo de capitales y evasión fiscal.

Para entonces todo mundo cuestionaba cómo su marido y ella habían juntado el dinero para comprar un palacete de tres plantas en la zona más exclusiva de Barcelona, cuyo precio rondaba los 7 millones de dólares, a los que se sumaron 3 millones invertidos en su remodelación.

Sus abogados pudieron salvarla de los dos primeros cargos, pero el desprestigio le impidió asistir a la proclamación real de su hermano Felipe. Sus esperanzas de reencuentro amistoso se derrumbaron en junio pasado cuando el monarca le anunció en una breve llamada telefónica que le retiraba el título de duquesa de Palma de Mallorca.

Siete meses después comenzó el juicio en su contra por evasión fiscal de 2.9 millones de dólares.

¿Qué sigue para la infanta? Pagar su deuda y atenuar lo más posible la sentencia. ¿Seguirá perteneciendo a la realeza? Sus nexos de sangre son indestructibles y conserva el tratamiento de “alteza real”, pero los consejeros reales le han exigido renunciar a su derecho al trono, es la sexta en la línea de sucesión. Pronto deberá tomar una decisión.

Estos son algunos de sus momentos más felices con la corona

Princess Cristina of Spain and Inaki Urdangarin at the wedding of Crown Princess Victoria of Sweden and Daniel Westling at Stockholm Cathedral

  • En tiempos alegres con su marido

El día de su boda

  • El día de su boda

(Pedro C. Baca)