Este año los príncipes Guillermo y Estefanía, herederos al trono de Luxemburgo, festejan cinco de haberse casado. Se les ve apegados y sonrientes cuando aparecen en público y no hay noticias de pleitos maritales. Solamente hay algo que empaña su felicidad, su tardanza en procrear, algo francamente insólito para una familia real que se caracteriza por su fertilidad.

Ambos son jóvenes, Guillermo tiene 35 y Estefanía 33, así que hay tiempo, pero el asunto sale a relucir cada vez que alguno de los hermanos menores del esposo trae al mundo a un nuevo descendiente. Así ocurrió recientemente cuando el príncipe Félix dio la bienvenida a su segundo hijo, un varoncito cuyo nombre no ha sido anunciado.

¿Qué está pasando con Guillermo y Estefanía?

Las teorías son muchas, algunas aluden a problemas de salud de alguno o de ambos, otras a la presunta homosexualidad de Guillermo, quien se habría casado con Estefanía obligado por las circunstancias.

Cuando abordan el tema de la paternidad en público, reiteran que no hay ningún problema, simplemente “no tienen prisa”, pero llama la atención el semblante cada vez más sombrío de la princesa.

Los ahora esposos se conocieron en una recepción familiar en 2010. Comenzaron a salir y, para beneplácito de los grandes duques de Luxemburgo, en abril de 2012 se comprometieron.

Para entonces ya se cuestionaba la orientación sexual del príncipe y hasta se hablaba de su romance con el hijo de un banquero suizo, pero Estefanía se veía muy enamorada y dispuesta a no escuchar.

El enlace nupcial del príncipe y la entonces condesa de Lannoy fue todo un acontecimiento en Europa por tratarse de un heredero, sin embargo, la prensa lo describió como “impecable pero un tanto opaco”.

Y esa es la mejor expresión para describir lo que ha sido su matrimonio, impecable y al mismo tiempo sombrío.

(Por Pedro C. Baca)