Existen diversos aceites que ayudan a reducir la ansiedad y los niveles de estrés.

De acuerdo con los investigadores de las universidades de Viena y Berlín el inhalar aceites puede modular la actividad del sistema nervioso simpático incidiendo en el estado de ánimo.

Los aceites combaten el estrés.

Acorde con los especialistas,  la respuesta al estrés comienza en el sistema límbico –parte del cerebro que controla emociones– y llega a ser un problema cuando permanece activo durante más tiempo del necesario. Los estudios explican que cuando una persona percibe una situación como una amenaza, el cerebro límbico envía señales a los sistemas en el cuerpo para prepararlo para pelear, huir o paralizarse.

Los olores activan los mecanismos antes mencionados y conectan con momentos del pasado que hacen revivir sentimientos y emociones. De igual forma, los aromas y olores viajan al inconsciente y activan emociones e instintos que influyen en el ánimo y en las reacciones. 

De ahí la importancia de generar estímulos positivos por medio de aromas, permitiendo al sistema límbico interrelacionarse con el sistema endocrino al reaccionar a estímulos externos.

Aromas contra el estrés.

El sentido del olfato, al igual que el sentido del gusto, es un sentido que se basa en la química. Los sentidos químicos detectan compuestos en el ambiente, con la diferencia de que el sentido del olfato funciona sin necesidad de tocar físicamente el objeto, de ahí la importancia de complementar nuestro estilo de vida con aceites naturales.

Por ejemplo, el aceite de lavanda aporta beneficios importantes sobre la calidad del sueño. Así mismo, los autores también informaron de reducciones significativas en la depresión.

La lavanda contra el estrés

Otros aceites que ayudan a combatir el estrés son el vetiver, pachulí, cedro y sándalo, que aumentan los niveles de oxígeno en el cerebro, que conduce a una mejor actividad en los sistemas límbico y el hipotálamo, lo cual puede tener efectos benéficos en no sólo emociones, sino en el aprendizaje y la actitud.

Por Alejandrina Aguirre Arvizu