El príncipe Felipe de Edimburgo está de fiesta, el patriarca de la Casa Real británica cumple 98 años de edad y se ha mostrado en perfectas condiciones para celebrarlo en privado.

El marido de Isabel II está retirado de la vida pública desde hace año y medio por decisión propia, así que no hay fotos oficiales de la celebración.

Distintos medios británicos aseguran que pasó el día en la mansión real de Balmoral cumpliendo su rutina de costumbre, cazar de madrugada, visitar a sus caballos a medio día y tomar el té con su esposa a las cinco en punto de la tarde.

Convertido en el integrante de la realeza europea más longevo, el duque de Edimburgo puede jactarse de haber vivido una vida intensa, pero con la sensatez que le ha exigido siempre su posición de príncipe consorte.

A continuación algunos datos sobresalientes en su trayectoria:

Familia triste

Quinto hijo de los príncipes Andrés de Grecia y Dinamarca, y de Alicia de Battenberg, Felipe nació en Grecia pero creció en Inglaterra.

Estuvo internado en exclusivos colegios y apartado de sus padres, distanciados entre sí por los graves trastornos siquiátricos de la princesa Alicia.

A pesar de la adversidad, el actual duque de Edimburgo fue un joven centrado que se destacó en su preparación militar en el Britannia Royal Naval College.

Además, fue valiente combatiente durante la Segunda Guerra Mundial.

Príncipe soñado

A los 26 años dio un paso definitivo en su vida, contrajo matrimonio con la entonces princesa heredera Isabel, su prima lejana, a quien aprendió a seguir en un discreto segundo plano.

Crónicas de aquella época dan cuenta del atractivo físico del príncipe: «altísimo, fuerte y rubio, con mirada penetrante y modales elegantes pero muy masculinos»

Caballero ninguneado

Felipe de Edimburgo se casó firmemente comprometido con lo que se esperaba de él en el futuro, pero no fue una decisión fácil, explican sus biógrafos.

Ni siquiera pudo heredar su apellido Mountbatten. La Casa Real decidió que sus descendientes con título nobiliario llevaran el apellido materno, Windsor.

Sin embargo, logró formar un hogar estable con la reina y dirigió con mano de hierro la educación de sus hijos Carlos, príncipe de Gales, Andrés, duque de York, Eduardo, conde de Wessex, y Ana, princesa real.

Consejero de cabecera

Desde que Isabel II ascendió al trono, en febrero de 1952, es decir, hace 67 años, Felipe de Edimburgo ha sido un apoyo muy importante para la monarca, quien escucha siempre atenta sus puntos de vista.

No han faltado quienes lo señalen como el representante del ala más conservadora de la realeza, aquella que se opone a cualquier modificación al rígido protocolo bajo el que se conduce.

Mordaz e impertinente

El consorte de la monarca británica es ejemplo de pulcritud y elegancia, pero también de un sentido del humor impertinente.

Esa «característica» se refleja en comentarios poco adecuados como cuando se reunió con adolescentes y dijo «no volarás nunca porque estás muy gordo» a un chico que le expresó su deseo de ser astronauta.

Reproches filiales

Felipe vivió el momento más amargo a fines de la década de los noventa, cuando su primogénito, Carlos de Gales, se refirió a él en una entrevista como «un padre distante, exageradamente severo y poco comprensivo».

En esa entrevista el futuro rey británico confesó que en su niñez le aterraba convivir con un padre tan perfeccionista.

Amor incondicional

Con los años, la relación entre ambos ha mejorado, además, para nadie es un secreto que el duque de Edimburgo adora a los hijos de Carlos, los príncipes Guillermo y Enrique, con quienes ha sido más flexible y cariñoso.

Tampoco es un secreto que Felipe de Edimburgo se siente halagado cada que alguien de su círculo cercano saca a relucir el enorme parecido entre su nieto Enrique y él.

La verdad es que si el duque de Sussex no fuera pelirrojo sería el vivo retrato de su abuelo durante la juventud. ¡Guapísimo!

Deber cumplido

Después de haber dedicado toda su vida a cumplir su papel como esposo, colaborador y sostén de una peculiar familia, el príncipe Felipe se retiró de la vida pública satisfecho por haber cumplido su deber, «servir lealmente a su reina».

¡Feliz cumpleaños Su Alteza Real, príncipe del Reino Unido!

Por Pedro C. Baca

Fotos AFP