El príncipe Felipe, duque de Edimburgo, está por cumplir 96 años de edad y sabe que sus capacidades están menguando, así que ha decidido retirarse de la vida pública.

Esto no significa que se recluya en alguno de sus palacios, simplemente que ya no desempeñará funciones oficiales y que renunciará a la presidencia honoraria de las organizaciones altruistas que encabezaba hasta ahora.

Este acontecimiento da oportunidad de hacer un breve repaso por su trayectoria y constatar el delicado papel que le ha tocado desempeñar como cónyuge de la reina Isabel II.

HISTORIA DIFÍCIL

Quinto hijo de los príncipes Andrés de Grecia y Dinamarca, y de Alicia de Battenberg, Felipe nació en Grecia pero creció en Inglaterra, internado en exclusivos colegios y apartado de sus padres, distanciados entre sí por los graves trastornos siquiátricos de la princesa Alicia.

A pesar de la adversidad, el actual duque de Edimburgo fue un joven centrado que se destacó en su preparación militar en el Britannia Royal Naval College. Además, fue combatiente durante la Segunda Guerra Mundial.

BODA DE ENSUEÑO

A los 26 años dio un paso definitivo en su vida, contrajo matrimonio con la entonces princesa heredera Isabel, su prima lejana, a quien aprendió a seguir en un discreto segundo plano.

EL HOMBRE DETRÁS

La familia real británica en la década de los 60

No fue una decisión fácil, dicen sus biógrafos, sobre todo porque, ni siquiera pudo heredar su apellido (Windsor). La Casa Real decidió que sus descendientes llevaran el apellido materno, Windsor.

Sin embargo, logró formar un hogar estable con la reina y dirigir la educación de sus hijos Carlos, príncipe de Gales, Andrés, duque de York, Eduardo, conde de Wessex, y Ana, princesa real.

APOYO IMPORTANTE

Desde que Isabel II ascendió al trono, en febrero de 1952, es decir, hace 65 años, Felipe ha sido un apoyo muy importante para la monarca, quien escucha siempre atenta sus puntos de vista.

No han faltado quienes lo señalen como el representante del ala más conservadora de la realeza, aquella que se opone a cualquier modificación al rígido protocolo que la rige.

COMENTARIOS IMPERTINENTES

El consorte de la monarca británica es ejemplo de pulcritud y elegancia, pero también de un sentido del humor impertinente que se refleja en comentarios poco adecuados como cuando se reunió con adolescentes y dijo “no volarás nunca porque estás muy gordo” a un chico que le expresó su deseo de ser astronauta.

GRAVE ACUSACIÓN

Felipe vivió el momento más amargo a fines de la década de los 90, cuando su primogénito, Carlos de Gales, se refirió a él en una entrevista como “un padre distante, exageradamente severo y poco comprensivo” para luego confesar que de niño temía convivir con él.

Con los años, la relación entre ambos ha mejorado, además, para nadie es un secreto que el duque de Edimburgo adora al hijo mayor de Carlos, el príncipe Guillermo, con quien ha sido más flexible y cariñoso.

DEBER CUMPLIDO

Después de haber dedicado toda su vida a cumplir su papel como esposo, colaborador y sostén de una peculiar familia, el príncipe Felipe se retira de la vida pública satisfecho de haber cumplido con su deber, “servir lealmente a su reina”, como buen súbdito británico.

(Por Pedro C. Baca)