La búsqueda de la salud se mezcla con otra aspiración: la lucha por conseguir la delgadez. Si bien hasta hace no muchos años se pensaba que una persona algo rolliza era sinónimo de bienestar alimenticio, hoy predomina el pensamiento contrario, dada la concepción de que alguien delgado es necesariamente alguien saludable. 

Ante este complejo escenario no resulta extraño que surjan fórmulas que prometen mejorar la salud y la apariencia con recetas sencillas. Cientos de dietas y presuntos gurús de la salud afirman que con sus métodos harán que la gente recupere un bienestar perdido –aunque no padezca ninguna enfermedad crónica– y un peso y figura ideales, según dictan las redes sociales o los medios de comunicación que marcan la pauta en cuanto a un estilo de vida idealizado.

Como nos dijo en entrevista la maestra en Nutrición Clínica, Hania González, certificada en medicina funcional: “Hemos caído en conceptos que lejos de ser bioquímica y nutricionalmente reales, son de corrientes espirituales, ideologías y modas que no tienen un sustento para el sistema biológico del ser humano”.

Alejandra Álvarez, coordinadora de Educación en Diabetes de los laboratorios Eli Lilly, por su parte agrega que “si bien hay sustento científico acerca de lo que debe ser una alimentación saludable, también hay mucha información aleatoria y adicional que no necesariamente tiene bases, como las dietas que se ponen de moda: la de la luna, la de la toronja, de la papaya, de la manzana, la desintoxicante, la de las grasas, la de las proteínas… Y se ponen de moda por una razón: a alguien le funcionaron. A cierto número de pacientes les han dado ciertos resultados, y eso lleva a otros a seguir un patrón, seguir una moda o utilizar una dieta”.

Por José Ramón Huerta