En estos días el mundo está al pendiente de Harry y Meghan de Sussex, se espera con ansia el anuncio del nacimiento de su primogénito, o primogénita, porque muchos ya dan por hecho que será niña y se llamará Diana, en alusión a la «Princesa del pueblo».

Pero también existe interés por saber cómo evoluciona el supuesto distanciamiento entre los duques de Sussex y los futuros reyes Guillermo y Catalina.

De acuerdo con la trama ¿tejida por lo tabloides británicos para vender ejemplares? quienes están a punto de debutar como papás «no están conformes con haber dejado el Palacio de Kensington para instalarse en Frogmore Cottage», una de tantas propiedades campestres de la reina Isabel II.

Ahora resulta, siguiendo esta versión, que con tal de alejarse de «los odiosos duques de Cambridge» planean poner más tierra de por medio y saldrán del Reino Unido para «refugiarse en África».

La verdad es más sencilla: los duques de Sussex quieren celebrar su primera paternidad con un cambio de rutina y lo mejor es hacerlo en Botsuana o Lesotho, países en los que Harry alguna vez buscó consuelo para superar la muerte de su madre, y a los que ahora podría dirigirse con todo y familia en calidad de embajador de la Commonwealth.

De acuerdo con el plan, que apenas sería eso, Harry y Meghan apoyarían varios proyectos altruistas como la atención a niños y adolescentes con VIH, apoyo a mujeres víctimas de violencia intrafamiliar, y campañas de reforestación, temas que les apasionan.

¿Y del distanciamiento entre Harry y Guillermo?

Hasta ahora la única prueba son fotos ¿tomadas con toda intención? en la que ambos hermanos, muy unidos desde su infancia, se miran con semblante serio.

Pero si de algo están seguros los biógrafos de cada uno, es del inmenso cariño que se profesan y de que el recuerdo de Diana de Gales, sonriendo al verlos felices juntos, es capaz de disolver cualquier diferencia.

Y más ahora que Harry hará tío al siempre paciente y bonachón Guillermo de Cambridge.

Por Pedro C. Baca

Fotos AFP