Debe haber una razón de mucho peso, por los muchos dólares y euros que representan, para que las grandes marcas de lujo se alíen con estrellas de Hollywood, de la música y el espectáculo internacionales. Los “embajadores” de una gran variedad de marcas de ropa, perfumes, zapatos, relojes y cosmética ya son cosa de todos los días porque es una práctica que los mercadólogos aseguran que rinde buenos frutos.

Hay un cálculo sencillo por el cual se busca a las celebridades: si ellas tienes millones de seguidores en redes sociales, una fracción de los fans se sentirá influida a comprar el producto que ellos usan o representan. Ése es el nuevo público, además del masivo, que se logra a través del cine, las revistas, los discos y la televisión, y es el más fiel y rudo en términos de consumo.

Las estrellas, por su lado, han visto que pueden capitalizar ese éxito y se lanzan a crear sus propias marcas, en las que ellos personalmente invierten su capital de prestigio y, sobre todo el económico.

Lejanos están los días de 2008 cuando Angelina Jolie y Brad Pitt compraron un viñedo en Francia para de la mano de un enólogo lanzar su vino orgánico Miraval, al que dotaron de su propio gusto y sello personales. O cuando Shakira (con su Wild Elixir), Antonio Banderas y Paris Hilton con sus marca homónimas propusieron sendas líneas de fragancias que han evolucionado hasta la fecha.

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Y así como sabemos que Katy Perry lanzará en la primavera del 2017 una línea de zapatos junto a Global Brands Group, además de los perfumes que llevan su firma, como Killer Queen y Purr, también la estrella de Sex and the City, la actriz Sara Jessica Parker lanzó su línea SJP para zapatillas y su perfume NYC by SJP.

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Imaginemos lo que pensaría alguien como la cantante de Barbados, Rihanna al lanzar su propia fragancia RiRi: “si el 50% de mis más de 10 millones de seguidores en redes lo compran, vaya negocio que haré”.

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Igual tuvo que suponer Kim Kardashian con su –polémica– línea de ropa que también se comercializó en departamentales mexicanas, y la línea de belleza cosmética que junto con sus hermanas lanzó bajo la marca Kardashian Beauty.

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La lista es interminable. Desde las consagradas Madonna con su Truth or Dare, Beyoncé y su perfumes Heat Rush y Beyoncé Pulse, Sofía de Sofía Vergara o Lady Gaga con su Fame, la nueva ola no se quedan atrás y ahí está Justin Bieber con su fragancia The Key, Outspoken de Fergie, Black Star de Avril Lavigne, Taylor y Wonderstruck de Taylor Swift o Hilary Duff con su Whit Love.

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Estos ejemplos nos ayudan a dimensionar de qué tamaño es el valor de las celebridades que deciden entrar a este negocio. Los perfumes, accesorios, prendas y demás ya son vistos como una extensión de sus bien consolidadas marcas personales.

(Por JRH)