Dice un antiguo dicho que “la mona aunque se vista de seda, mona se queda”, y no por viejo deja de tener vigencia, tanta que permite describir a ciertas integrantes de la realeza cuya elegancia y carisma no alcanza para disimular que fueron muy poco bendecidas por la naturaleza. Menos para contradecir a quienes afirman que estas princesas no son dignas de un cuento de hadas, pero sí de disputarle el cetro a Fiona, la dulce ogra esposa de Shrek. ¿Será una exageración?

Beatriz de York

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La primogénita del todavía guapo Andrés de Inglaterra no heredó los rasgos físicos de su padre, pero sí las facciones toscas de su madre, la irredimible duquesa de York, Sarah Ferguson. Lo que sí le transmitieron ambos progenitores fue el gusto por la buena vida y la aversión por el trabajo, motivo por el que los tabloides británicos se refieren a ella como “la ociosa”.

Eugenia de York

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En realidad no es fea, pero ha tenido que luchar con su tendencia a la obesidad, contra la que ha probado todos los remedios con poco éxito. A su favor pesa que es mucho más discreta que su hermana Beatriz. Dedica gran parte de su tiempo a su empleo en una prestigiada galería de arte en Nueva York.

Victoria de Suecia

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La futura reina del país nórdico heredó el rostro anguloso de su madre, la reina Silva, así como la obsesión por mantenerse delgada, lo que afila más sus facciones. Para colmo, siempre se le ha comparado con su hermana menor, la bellísima Magdalena, quien en su momento fue una de las solteras más codiciadas de Europa.

Elena de España

Elena de España

La genética de los Borbón no ha favorecido mucho a sus mujeres y la hija mayor del rey emérito Juan Carlos es un ejemplo de ello. Tal vez por eso la infanta no tenido suerte con el amor. Su matrimonio con Jaime de Marichalar, a quien mucho debe el refinamiento en su vestuario, terminó mal debido a los frecuentes ataques de ira del aristócrata.

Estefanía de Mónaco

Estefanía de Mónaco

Su afición por los deportes acuáticos la mantiene en forma pero le ha forjado una silueta hombruna que poco disimulan sus outfits de prestigiados diseñadores. Sin embargo, no ha tenido problemas para acumular una larga lista de amores que incluye a un chofer, un acróbata, un domador de elefantes, y otros caballeros de dudosa reputación.

María Teresa de Luxemburgo

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Sus problemas con la báscula datan de su época de recién casada, cuando se convirtió en la primera plebeya latinoamericana en incorporarse a la realeza, pero no ha permitido que le amarguen el carácter. Tal vez ahí está la clave de su armonioso matrimonio con el gran duque Enrique con quien tiene cuatro hijos.

(Por Pedro Baca)