Inconsolable es la palabra más adecuada para describir el estado en que se encuentra la reina Margarita II de Dinamarca ante la muerte del príncipe Enrique, su esposo por más de cincuenta años, a consecuencia de un problema pulmonar.

Hace un mes, el príncipe de 83 años fue internado en un hospital de Copenhague debido a un complicado cuadro de neumonía. Los médicos lograron estabilizarlo pero lo retuvieron al descubrir que tenía un tumor en el lóbulo pulmonar izquierdo.

A partir de entonces, en todos los comunicados sobre su salud se dijo que se trataba de un tumor benigno, pero lo cierto es que su salud se deterioró hasta entrar en estado crítico a mediados de la semana pasada, razón por la que su hijo, el príncipe heredero Federico, canceló su asistencia a la inauguración de las Olimpiadas de Invierno.

Ante la gravedad de su estado, Enrique de Dinamarca fue trasladado al Palacio de Fredensborg, ahí estuvo acompañado por su familia hasta que falleció la noche del 13 de febrero.

¿Qué pasará con sus restos mortales? No tendrán funeral de Estado. Por expreso deseo suyo, serán cremados en una ceremonia íntima a la que solamente acudirán sus parientes y amigos muy cercanos.

Sus cenizas se esparcirán a partes iguales: una mitad en el mar danés y la otra mitad será depositada en los jardines privados del Palacio Fredensborg.

EL INCOMPRENDIDO

Nacido en 1934 dentro de una familia aristocrática que lo educó para hacer carrera en la diplomacia, Enrique se casó en 1967 con la entonces princesa heredera de Dinamarca.

 

Fue un matrimonio por amor que produjo dos hijos, los príncipes Federico y Joaquín, pero que se deterioró rápidamente porque don Enrique siempre se sintió “relegado y opacado” por su esposa y su primogénito.

El príncipe Enrique llegó a revelar que se sentía menospreciado por su hijo, el futuro Federico.

Lo único que hubiera podido contentarlo era su designación como rey consorte, pero el parlamento danés se negó rotundamente por no existir antecedentes de tal título nobiliario.

En sus momentos de armonía Enrique hacía sonreír mucho a su reina.

A pesar de sus quejas en público, la reina quiso compensarlo convirtiéndolo en príncipe real consorte, pero él no lo aceptó.

Los últimos y dramáticos ataques de celos lo convirtieron en la persona más impopular de la realeza danesa y más todavía cuando declaró que no quería ser enterrado al lado de la reina.

En una de sus últimas apariciones en público.

Margarita prefirió creer que los públicos ataques de ira y críticas de su esposo se debían a la demencia senil que sufría. Nunca dejó de amarlo.

(Por Pedro C. Baca)