“Bienvenido sea México con su presencia” fueron las palabras que en perfecto español usó la reina de Dinamarca para recibir al presidente Enrique Peña y a su esposa, Angélica Rivera, al arrancar la visita de Estado que estos últimos realizaron al país europeo.

Más allá de la cortesía, con ese detalle Margarita II sacó a relucir el amor que siente por México y su cultura, a la que se acercó en 1966, cuando era princesa heredera y descubrió la capital mexicana. “Me sedujeron el colorido, la espontaneidad y la magia que se respiraba en el ambiente”, asegura.

Profundizó ese sentimiento en 2008 cuando volvió a este país ya como reina y recorrió Monte Albán, en Oaxaca, y comunidades rurales de Michoacán, entre ellas Tarecuato, cuyo templo del siglo XVI estuvo a cargo del misionero danés Jacobo Daciano, antepasado de la monarca.

¿Qué otros detalles interesantes hay en la biografía de esta admiradora de México?

Es la mayor de tres hijas de los reyes Federico IX e Ingrid (tía del actual rey de Suecia). Desde 1973 es la cabeza de una de las monarquías más antiguas del Viejo Continente.

Con estudios en economía, ciencia política y arqueología prehistórica, Margarita II es una estupenda pintora de paisajes y ha estudiado la obra del mexicano José María Velasco.

Destaca como ilustradora de libros. Es posible ver algunas de sus creaciones en la edición danesa de “El Señor de los Anillos”, firmadas por Ingahild Grathmer, su seudónimo.

Tiene una fortuna personal que supera los 1,000 millones de pesos, pero su rutina es poco atractiva para los tabloides. Tal vez lo más llamativo son su adicción a los habanos, su gusto por los trajes esquimales y la pasión por diseñar ropa con estampados coloridos, sino es que extravagantes que se ha puesto en eventos públicos.

Casada desde 1967 con un diplomático francés al que convirtió en príncipe, tiene dos hijos varones: Federico, el heredero, y Joaquín, conde de Monpezat. Ambos le han dado nietos.

Su vida familiar ha sido feliz pero no exenta de altibajos, sobre todo por los cambios de humor de su marido, Henrik, quien varias veces ha renunciado a sus obligaciones por considerar, literalmente, que nadie lo toma en cuenta. Hasta ahora siempre ha recapacitado.

En abril del año pasado cumplió 75 años y empezó a valorar la posibilidad de abdicar a favor del príncipe Federico, un comprometido ambientalista, promotor de campañas contra el calentamiento global. Su círculo cercano prevé que no tardará en decidir.

(Por: Pedro C. Baca)