¿Está la princesa Masako en condiciones mentales de convertirse en emperatriz? Es la pregunta que se hacen millones de japoneses ante el inminente ascenso de su esposo, el príncipe Naruhito, al Trono de Crisantemo.

El evento ocurrirá el 1 de mayo, un día después de que el emperador Akihito, padre del heredero y suegro de Masako, haya firmado su abdicación.

La duda proviene de la severa depresión que ha encarado la princesa desde hace 12 años, por lo menos, y cuyo cuadro clínico ha llegado a inmovilizarla por temporadas.

Ante las plegarias y buenos deseos de sus futuros súbditos, la próxima emperatriz ha respondido la pregunta con la dulzura y sensatez que la caracterizan.

«Haré todo lo posible por seguir a mi emperador y servir a mi pueblo en busca de su felicidad que es lo más importante para mi», expresó esta economista e internacionalista de 55 años, a través de un comunicado difundido por la Casa Imperial.

Nacida como plebeya, Masako renunció a un brillante porvenir en el servicio diplomático japonés para casarse con Naruhito, en junio de 1993.

Foto: AFP / The Imperial Household Agency of.

La pareja ha vivido una conmovedora historia de amor que se ha visto ensombrecida por un detalle que en cualquier otro país sería insignificante, pero en Japón es una tragedia:

Su incapacidad de procrear un varón que prolongue la estirpe imperial más antigua del planeta.

«Solamente» pudieron traer al mundo a una hija, la princesa Aiko, quien por el simple hecho de ser mujer está apartada de la línea de sucesión.

Ante «su fracaso», Masako se hundió en una terrible depresión de la que ha logrado salir por temporadas.

Este 2018, ha sido un buen año para su salud mental, ha logrado participar en 64 actos oficiales, todo un récord, pero sus médicos siguen su evolución para atenuar las recaídas.

Ahora que se acerca su gran momento, su coronación como emperatriz consorte, Masako ha suplicado únicamente a sus súbditos paciencia y respaldo.

«Sé la importancia de lo que viene y le doy la bienvenida porque me dará la oportunidad de procurar la felicidad de mi pueblo», apuntó en el comunicado.

Los japoneses han correspondido con un ¡Qué así sea!

Por Pedro C. Baca