• La consorte del heredero al trono nipón busca superar definitivamente la depresión crónica que padece.

Son más de 12 años en los que la princesa Masako de Japón ha sobrellevado una profunda depresión que le valió el apodo de la princesa triste y convirtió a su marido, Naruhito, en un príncipe que encara en solitario la mayoría de sus compromisos. Pero la lúgubre realidad cambia poco a poco y la prueba son las recientes apariciones de la futura soberana, en todas se le nota atenta, concentrada y con brillo en la mirada.

“Aunque está mejorando no puede ir más rápido”, declaró Naruhito hace poco más de un año  en referencia al estado de salud de Masako aquejada por “trastornos de adaptación”, producto de la tensión a la que fue sometida para gestar un varón, lo que finalmente no ocurrió.

Es un secreto a voces que la princesa, una ex diplomática con dos licenciaturas en prestigiadas universidades inglesas y desenvoltura perfecta en inglés y francés, se culpa por haber fallado en su principal misión en la vida.

El inquebrantable respaldo de su marido y el cariño de su única hija, la princesa Aiko, han sido vitales en su lenta recuperación, de la que dio muestras en abril de 2013 cuando asistió a la coronación de sus amigos, los reyes de los Países Bajos, Guillermo Alejandro y Máxima.

PEQUEÑOS PASOS

La amistad con esos monarcas la ayudó a dar otro paso importante en octubre de 2014, entonces ellos realizaron una visita de Estado a Tokio y la princesa se hizo presente en la cena de gala que el emperador Ahikito, su suegro, ofreció a los visitantes. Las notas de prensa relacionadas con el evento la describieron “dulcemente radiante”.

Poco después participó en la Conferencia Mundial de Educación Sostenible de la UNESCO celebrada en Japón, donde acompañó al príncipe al acto inaugural y se mostró muy sonriente. Ya en este año, se ha dejado ver en algunos eventos altruistas y en la coronación del rey de Tonga, en la que tuvo ánimo para conversar con Carlos y Camila de Gales.

Recientemente, se mostró relajada al lado de Naruhito durante su visita a una guardería de Tokio. Ahí, acarició a varios bebés y charló con madres y cuidadoras, con las que intercambió experiencias sobre el cuidado de los pequeños.

Los médicos de la casa imperial japonesa creen que el prolongado periodo de estabilidad emocional por el que atraviesa Masako es un premio a su férrea decisión de alejarse para siempre de la culpabilidad y el sufrimiento, pero advierten que persiste el riesgo de recaer por lo que no debe abusar de los momentos de entusiasmo.

(Por Pedro C. Baca)