Cada que Meghan duquesa de Sussex voltea hacia atrás debe pensar en lo rápido que ha pasado el último año y cómo cambió el ánimo de quienes la rodean, y que en ambos casos ¡no ha sido para bien!

Hace un año todo era júbilo y alegría entre los ingleses por el compromiso matrimonial de la estadounidense con el soltero más deseado de la Casa de Windsor, el príncipe Harry.

Abundaban los elogios al amor que había vencido barreras raciales y prejuicios sociales, debido a la ascendencia afroamericana de la novia, a su pasado amoroso que incluía un divorcio, y a su trabajo en la farándula.

Se decía entonces que el hijo pequeño de la fallecida Diana de Gales merecía una mujer moderna y audaz, muy natural y comprometida con causas sociales.

Ese buen ánimo creció conforme se acercó la fecha de lo que fue una boda de ensueño, celebrada en mayo pasado, seguida detalle a detalle por los británicos que decían adorar a su “nueva princesa del pueblo”.

Foto AFP

Ahora todo ha cambiado.

De unas semanas a la fecha, no pasa día sin que los tabloides publiquen algún detalle que deja en mal a la duquesa de Sussex.

Recientemente el Daily Mail reveló que Meghan se había comportado “francamente chocante” durante los preparativos de su boda.

Entonces la exactriz se habría expresado despectivamente del recinto elegido para la ceremonia nupcial, la capilla de San Jorge del Castillo del Windsor, cuyo olor le pareció “rancio”.

La prensa rosa ha filtrado detalles de algún desplante hacia la reina Isabel y de un desencuentro con la duquesa de Cambridge, con quien ha dejado de frecuentarse.

Ahora, antiguos conocidos como el presentador de Tv Piers Morgan la describen como “trepadora y dispuesta a desechar a quien no le sirve”, y advierten que representa “una mala influencia” para su esposo, quien se ha vuelto prepotente y antipático con tal de complacerla.

¿En qué terminará este asunto?

Unos esperan que las críticas amainen en cuanto nazca el primer bebé de la pareja, otros de plano creen que, con la actriz transformada en princesa, ha llegado una nueva Sarah Ferguson, con todo los dolores de cabeza que ello implica para la reina Isabel II.

Por Pedro C. Baca

Foto principal The Grosby Group