No cabe duda, Meghan y Harry son adorados por los británicos, pero no todo es miel sobre hojuelas, sobre todo ahora que se supo de sus gastos con cargo al erario.

¿Qué pasó?

Esta semana, la Casa Real confirmó que los duques de Sussex invirtieron tres millones de dólares en la remodelación de Frogmore Cottage, su actual residencia.

Los encargados de la contabilidad real explicaron detalladamente los gastos y no hubo derroche, ni excentricidades.

Pero el enojo surge de los malos tiempos por los que pasa la economía del reino, agravados por su decisión de abandonar la Unión Europea.

Los inconformes piensan que todos los británicos deben acatar medidas de austeridad, comenzando por la familia real.

Y aunque no es muy elegante hablar de dinero, la población no olvida que el gobierno asignó en 2018 unos 103 millones de dólares para gastos de mantenimiento de las propiedades de la Corona.

Muchos se están preguntando por qué Meghan y Harry no permanecieron en su antiguo domicilio, el Palacio de Kensington, al percatarse del dinero que requeriría su nuevo hogar.

Cuentas claras

El nuevo hogar de los duques de Sussex.

Frogmore Cottage está ubicada a 34 kilómetros de Londres y ocupa parte de los terrenos de la residencia real de Frogmore House, donde Meghan y Harry celebraron la recepción de su boda en mayo de 2018.

Las obras incluyeron el remplazo de las defectuosas vigas de madera del techo que tenía la propiedad y de las del suelo, así como la actualización de ineficientes sistemas de calefacción.

La casona requirió también grandes renovaciones en su instalación eléctrica y la colocación de tuberías para gas natural, agua potable y residual.

Eso sí, la pareja de príncipes que se mudó allí en abril pasado, poco antes del nacimiento de su hijo Archie, pagó los accesorios de la vivienda.

Se prevé que vivan ahí solamente unos meses, luego partirán al sur de África para trabajar con varias organizaciones altruistas.

Por Pedro C. Baca

Foto AFP