Mohamed VI de Marruecos está de fiesta, en estos días celebra sus primeras dos décadas en el trono de una de las últimas monarquías absolutas en el planeta.

Fue en el segundo semestre de 1999 cuando recibió la corona, luego de la muerte de su padre, Hasán II, víctima de cáncer.

Nacido en agosto de 1963 y educado en universidades europeas, Mohamed VI generó entonces tanto entusiasmo como expectativas de cambio.

Líder modernizador

El rey correspondió otorgando nuevos derechos a las mujeres y renunciando al harén de mujeres al que tenía derecho por su título de nobleza.

También se ha dado tiempo para mejorar las condiciones de su vida de su pueblo y alejarlo del fundamentalismo, pero no más.

Igual que años atrás, Marruecos es una monarquía absoluta en la que está severamente penado aludir a su soberano.

De achaques y amores

Estas restricciones salieron a relucir luego de la desaparición de la escena pública de su esposa, Lalla Salma, de quien se supone se divorció en 2018.

En público no se puede hablar de la amistad del rey Mohamed VI con el boxeador Abu Zeitar, mejor conocido como «El Gladiador», a quien habría instalado en un palacete.

Tampoco se puede hablar de su quebrantada salud, si bien se dio a conocer que fue operado del corazón hace un año en París.

Nada se sabe de su notorio incremento de peso y aspecto hinchado, producto, según la prensa francesa, de un tratamiento que requiere cortisona.

A pesar de estas situaciones, el reino sigue su marcha en paz y Mohamed VI ha disfrutado de unas celebraciones tan solemnes como concurridas.

En los festejos ha destacado la presencia del hijo mayor del rey, el príncipe Moulay Hasán, siempre a la derecha de su padre,

Moulay Hasán apenas tiene 16 años de edad, pero los tabloides europeos auguran que está convirtiéndose en uno de los royals más atractivos y codiciados de su generación.

Por Pedro C. Baca

Fotos AFP