Nunca paran los rumores de que Alberto y Charléne de Mónaco apenas se soportan, pero más allá de habladurías, el príncipe reinante y su mujer se divierten juntos como enanos practicando water bike.

Habría sido Alberto quien primero se enamoró de este singular deporte.

Preocupado por su falta de condición física, el monarca lo tomó como una estupenda opción para ejercitarse al aire libre, fortalecer las piernas y reducir la curva del abdomen.

 

La princesa Charléne ama los deportes acuáticos, tanto que hace algunos ayeres formó parte del equipo olímpico de natación de su natal Sudáfrica. Ahora con el Water bike ha encontrado un nuevo motivo para estar mucho tiempo en el agua.

En junio pasado, Alberto se animó a competir en la Water Bike Challenge, carrera que va desde Niza a Mónaco y se realiza sobre unas peculiares bicicletas acuáticas.

Lo escoltó su cuñado Gareth Wittstock, hermano de Charlène.

El príncipe no ganó pero arrancó una tierna mirada de admiración a su esposa, con quien, a pesar de lo que se diga, sigue muy unido.

(Por Pedro C. Baca)

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