Vestidos y alborotados, literalmente se quedaron los japoneses que esperaban presenciar el próximo noviembre la boda de la princesa Mako de Japón, la nieta mayor del emperador Akihito, con el empresario Kei Komuro.

Cierto, hace unos meses la Casa Imperial anunció la posposición del enlace debido a la “falta de preparación de los novios” y anunció que se realizará en “algún momento” de 2020.

No se dijo más, así que no tardaron en surgir las especulaciones en torno a un berrinche de la princesa (hija y hermana de próximos emperadores japoneses), o una tremenda decepción provocada por algún desliz de Komuro, considerado antes de su compromiso como uno de “los solteros más deseados de Japón”.

Pues no, no fue un lío de faldas, sino de dinero, según el diario Japan Times. Resulta que el padre de la novia, el príncipe Fumihito, exigió al apuesto novio que resuelva los problemas financieros de su familia antes de casarse. Todo indica que la madre de Kei Komuro tiene varias deudas con un ex novio por valor de 40,000 dólares que le pidió para financiar los estudios de su hijo y que todavía no le habría devuelto.

 

 

“La cantidad monetaria es pequeña, pero se trata de un cuestión de honor”, explicaron al diario representantes de La casa imperial japonesa. Y es que la corte desconocía la situación al anunciar la boda. Y en un país en el que el honor cuenta y mucho, la corona decidió posponer la boda hasta que la futura suegra de Mako de Japón pague sus deudas.

¿Sobrevivirá el amor de la princesa y el plebeyo a este contratiempo? “Se ve difícil, sobre todo después del reciente anuncio de que Kei se instalará tres años en Estados Unidos para cursar un posgrado en derecho”, apunta el tabloide japonés.

(Por Pedro C. Baca)