Una recomendación que nos dan todos los días para llevar una dieta saludable es reducir el consumo de grasas. Nos advierten hasta el cansancio que dicha ingesta, entre otras cosas desagradables, puede producir enfermedades del corazón.

Sin embargo, no todas las grasas son iguales y algunas son consideradas más saludables que otras, como las llamadas «no saturadas», que ayudan a incrementar los niveles de colesterol bueno. Entre éstas se encuentran las monoinsaturadas, que hallamos en los frutos secos, las semillas, los aguacates y en algunos aceites como el de oliva, canola y girasol, y las grasas poliinsaturadas, que abundan en los granos de maíz, semillas de algodón, aceites y semillas de cártamo y lino, en los frijoles, en los aceites de soya, en las margarinas y en los mariscos.

Las grasa saturadas, por el contrario, sí son de temer. Son aquellas que suelen ser sólidas a temperatura ambiente, como las que se encuentran en la carne, la manteca, la mantequilla, el queso y la crema, y están asociadas con un aumento en el colesterol malo y, en consecuencia, con los problemas del corazón.

Pero un momento: también resulta que el consumo de productos «bajos en grasa» ha incrementado el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares. ¿Es una broma, cómo es posible esto? La explicación es que los productos magros tienen menos sabor y, al elaborarlos, las industrias les agregan más azúcar y edulcorantes para realzar los sabores.

 

 

De esa manera, la que ha pasado a ocupar el primer puesto en la alerta actualmente es el azúcar, que se encuentra en muchos productos elaborados, no sólo en los dulces sino también en otros en los que pasa inadvertida, como en ciertas salsas.

Hay que fijarse si en las etiquetas figura alguna de estas denominaciones, porque entonces el procucto contiene azúcar: néctar de agave,  jarabe de arroz, dextrosa, jugo de caña, glucosa, miel de malta, melaza y sacarosa. Si en el paquete del producto que estás por comprar aparece alguno de estos ingredientes entre los primeros de la lista o si contiene más de 4 gramos totales de azúcar, tal vez sea mejor que lo evites.

Así que, volviendo a las grasas, ¿podemos comer un bistec sin sentir culpa? Sí, siempre y cuando no te excedas y sepas distinguir entre un trozo de carne a la parrilla y otro frito. ¿Por qué? Porque las comidas fritas contienen grasas de las denominadas trans, que siguen siendo parte de la lista de alimentos que es mejor dejar de lado, y como ya se dijo, ese tipo de grasas aumentan el riesgo de desarrollar problemas del corazón.

Por eso, aprende a distinguir las grasas en los alimentos y elige las opciones más saludables. Desde luego, cuando se trata de grasas recuerda que hay que consumirlas en moderación. Es importante que si quieres mantener a tu corazón sano, también es conveniente evitar el exceso de sal. Recuerda incluir una rutina de ejercicio diariamente. Es la combinación ideal para mejorar tu calidad de vida.

(Por: Alejandrina Aguirre Arvizu)