Empecemos a dialogar y descubrir de dónde vienen los temores.

Si ante alguna situación te sientes amenazada, párate y tómate un tiempo para conectar con las necesidades de tu parte miedosa. Las siguientes líneas te ayudarán a atender tus temores, no evadirlos y evitar que crezcan.

Fíjate en los siguientes pasos para identificar el origen y los posibles remedios:

1.- Descubre qué te asusta realmente. Para empezar, trata de identificar a qué le tienes miedo, qué es lo que te angustia: la soledad, el rechazo, el abandono, el fracaso, el ridículo. Ponle palabras.

2.-  Haz la foto de tu miedo. Cuando lo descubras, observa cómo es tu aspecto temeroso. Dibuja en un papel una figura humana que lo exprese, para que los puedas percibir mejor. Trata que el dibujo transmita, lo más fielmente posible, cómo te sientes interiormente cuando percibes el miedo.

3.- Dialoga con él. Imagina que ese personaje que tiene miedo está enfrente tuyo. Entrecierra los ojos, pues eso te ayudará mejor a conectar mejor con tu interior, y observa qué sientes al verlo, y qué opinas de él. Y díselo cómo si iniciaras un dialogo. Al hacerlo, estarás hablándole desde la parte miedosa.

4.- Ponte en su piel. Imagina que, por un instante, puedes ponerte ahora en la piel del personaje miedoso. Platica con ese personaje sinceramente.

5.- Descubre cómo puedes ayudarte. Fíjate bien en si todo lo que has escuchado te ayuda a resolver tu sensación de miedo, si la deja igual o, por el contrario si la aumenta, descubre cómo necesitarás ser tratado para sentirte realmente ayudado.

6.- Comprende el miedo. Una vez que sepas cómo puedes asistir de la mejor manera a tu parte temerosa, sitúate físicamente en ese lugar, te ayudará a convertirte en la persona que brinda a la parte miedosa el trato que pidió.

7. Sigue practicando. Recuerda que tanto tu reacción inicial hacia la parte que siente miedo, como tu parte miedosa quieren lo mismo: superarlo.

Por Alejandrina Aguirre Arvizu