Las acciones, decisiones, personalidad y prácticamente todo lo que forma el cerebro tiene control sobre  los pensamientos. La mayoría del tiempo el actuar es por inercia, siguiendo los aprendizajes que a lo largo del tiempo han quedado grabados en ese órgano.

A lo largo de la vida, hay experiencias que forman rutas de acción del cerebro, para facilitar las respuestas al entorno, y son el filtro a través del cual vemos el mundo, sostienen los científicos de la Universidad de Pennsylvania, Estados Unidos.

La neuroplasticidad, es la capacidad que tiene el cerebro de formar nuevas conexiones para guardar esos aprendizajes; el órgano principal del sistema nervioso central  se ajusta según como lo utilicemos, por lo que si queremos cambiar nuestra visión del mundo, es posible reestructurar la forma en que el cerebro está programado, señalan los investigadores.

 

 

Los hábitos son de los aprendizajes que más arraigados están. La repetición constante los ha hecho parte del funcionamiento automático, pero eso no significa que sean parte de la personalidad. Esos son simplemente rutas de acción aprendidas, que se pueden modificar. El primer paso será ser conscientes de esos hábitos tóxicos y darnos cuenta de cómo  hacen daño, de ahí, habrá que entrenar al cerebro para aprender nuevos.

Los especialistas sugieren averiguar qué es lo que respalda aquello que tenemos grabado; hacer conscientes las creencias detrás de la forma en que vemos, nos permitirá cambiarlas. Podemos ver de forma positiva, superar las barreras que impiden superarnos, romper con esos viejos hábitos dañinos y enfrentar la vida con una actitud saludable; para lograrlo sólo hace falta reprogramar al cerebro.  El cambio requerirá esfuerzo, constancia y repetición.

 

Por Alejandrina Aguirre Arvizu