Había una justificación para combinar el trago con lo ácido, pero ya no es tan necesario.

 

Podríamos evitar meternos en honduras para recomendar o evitar una práctica para beber el nacionalísimo tequila, diciendo que en gustos se rompen géneros, pero preferimos entrar un poco a la polémica.

A ver: ¿por qué tendríamos que chupar o peor, aún, beber jugo de limón antes o después de beber un trago de tequila? Los que saben y tienen buena memoria refieren que esa costumbre inició hace algunas décadas, cuando había muy pocos tequilas confiables, no eran hechos con 100% de agave Azul Tequilana Weber y por tanto el sabor y la potencia eran tremendos; en resumen, había que idear una manera de hacerlos soportables, y para eso sirvió el limón y su repetida pizca de sal.

 

 

Hoy, sin embargo, la cosa ha cambiado. Las casas tequileras (por cierto, de las grandes casi ninguna pertenece a empresarios mexicanos sino a firmas multinacionales) han suavizado el sabor, hay muchos tequilas reposados o añejos que lo hacen aún más sutil, aunque sigue habiendo los clásicos blancos que continúan con la característica de bebida bravía.

La opinión se divide, desde luego, entre los clásicos puristas que beben el tequila derecho, en el vaso conocido como caballito, y que acaso admiten que puede hermanar con la sangrita a modo de chaser (esa bebida de jugo de naranja, limón, granadina y salsas), y aquellos que no tienen empacho en seguir acompañando el trago con limón y sal para bajar su intensidad.

Conclusión, hay quienes se prefieren beber las cosas de la manera más pura posible, y otros son partícipes de la mezcla. Tú, ¿por qué opción te inclinas?

(Por JR)