Fue en 1976 que Rocky sorprendió al mundo ganado el Oscar a mejor película, dejando en el camino a cintas como Taxi Driver y Todos los hombres del presidente. Sin saberlo, Sylvester Stallone, protagonista de la película y quien escribió el guión, creó a uno de los personajes más emblemáticos en la historia del cine, Rocky Balboa.

En Creed:Corazón de campeón, Aaron Covington escritor del guión, busca hacer algo similar con el personaje principal, Adonis Johnson –interpretado correctamente por Michael B. Jordan– un hijo que Apollo Creed, ex campeón de peso pesado y amigo entrañable de Rocky, tuvo producto de una aventura.

Covington provee a Adonis de un carácter indomable, producto de crecer en la adversidad para ser rescatado por la viuda de Creed, que le abre las puertas a un futuro lleno de esperanza, pero ¿es lo que necesita un chico acostumbrado a luchar para forjar su camino? Sintiéndose de alguna manera opacado por la sombra de su padre al que nunca conoció, por el que tiene sentimientos mezclados de resentimiento y admiración. En su interior cree que el emular a su progenitor le dará una libertad no sólo sobre su destino, sino también sobre el apellido Creed, el cual se niega a ostentar.

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Con estos argumentos, desecha una vida cómoda en una oficina para hacer un nombre, para merecer un apellido. Convencido de tener lo suficiente en su interior y sus puños, recurre a Rocky para que sea su entrenador. A pesar de mostrarse renuente en un inicio, al final acepta (obvio). Es la clásica historia del underdog que enfrenta dificultades entre ellas a sí mismo. La delicia de la película se encuentra en la química actoral entre Stallone y Jordan, que hacen de un guión poco arriesgado con caminos comunes y hasta previsible, una película emocionante y sumamente disfrutable.

Cuando pensamos que el último capítulo de la saga, Rocky Balboa (2006), era un digno retiro –más no brillante– para el personaje, en Creed:Corazón de campeón, Stallone nos entrega un Rocky entrañable, paternalista, que conecta directo con la empatía del espectador, de la misma manera que lo hizo Burgess Meredith en las entregas previas de la saga, como entrenador del ‘Semental Italiano’. Tan es así, que le valió el Globo de Oro y el Critics’ Choice Awards al mejor actor de reparto, además de la nominación al Oscar en la misma categoría.

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El director Ryan Coogler le da un gran ritmo a la película, nos regala secuencias sobre el ring que nos harán sentirnos parte de la acción, como si nosotros fuésemos los réferis. El desarrollo de la pelea final es vertiginoso, lleno de adrenalina y tensión, cada round nos lleva paso a paso –como le dice Rocky a su pupilo– a un desenlace quizás anticipado y es aquí donde la cinta no golpea con contundencia para ganar por nocaut, sino por decisión dividida.

(Por Alberto Heredia @albher)

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