Duerme como bebé cuidando tu dieta para dar prioridad a los alimentos ligeros.

Los malos hábitos de alimentación pueden llegar a causar estragos en el estómago.

Si cenas demasiado y, además, consumes alimentos de difícil digestión, no debe asombrarte si no puedes conciliar el sueño.

Hay que ingerir los últimos alimentos del día más o menos tres horas antes de ir a la cama.

Y descartar el consumo de bebidas estimulantes como café, té o alcohol.

Si no puedes dormir de un tirón o duermes mal, bebe un poco de leche antes de dormir, y evita echar mano de los somníferos.

El descanso es vital para la salud. Crédito: Pexels

Duerme relajada

1.- Jamás vayas a la cama con hambre, pero tampoco con el estómago lleno.

2.- La leche y los lácteos fomentan la predisposición al sueño.

3.- La miel, combinada con la leche, calma y ayuda a dormir.

4.- Las uvas, las cerezas y las ciruelas también favorecen el sueño.

5.- Las especies como el anís, la albahaca, el hinojo, los clavos, el jengibre, el ajo, el perejil y la salvia también son buenos tranquilizantes.

6.- La carne de pollo y el pescado son de fácil digestión, pero contienen tiroxina, un aminoácido que nos mantiene en estado alerta.

7.- Ayuda el arroz integral, los frutos secos, las frutas secas y el mazapán, pues contienen magnesio. Ese mineral ayuda a bajar el estrés.

8.- Cuando duermes poco por varios días notarás que comienzas a presentar dolor de cabeza, poca atención, cometes errores, estás irritable, con mucha hambre.

Por Alejandrina Aguirre Arvizu