Recién cumplió los 34 años, pero la esposa del heredero del trono de Luxemburgo luce mucho mayor. Sus outfits son más propios de una abuela que de una treintañera y contrastan con la modernidad que, sin caer en el mal gusto, proyectan otras princesas de su generación.

¿Qué pasa con Estefanía?

Proveniente de una familia tan aristocrática como acaudalada radicada en Bélgica, Estefanía ha dicho que le ha costado mucho acostumbrarse a su nuevo rol.

Y puede que tenga razón ya que Luxemburgo, a pesar de ser un país muy pequeño es inmensamente rico y su casa real se encarga de promoverlo.

En cuanto a sus atuendos que sus críticos describen como más propios de una monja, la royal ha dicho que se siente cómoda con atuendos conservadores. «Desde niña me acostumbré a los atuendos clásicos y no veo por qué tengo que cambiar», ha dicho.

El día de su boda con Guillermo de Luxemburgo

Son pocas las apariciones públicas de Estefanía y se sabe que su agenda de compromisos privados es poco nutrida, y no por falta de preparación.Otros atribuyen la imagen severamente austera de la Gran duquesa heredera, a su crianza en un hogar ultra católico en el que compartió espacio con siete hermanos mayores que ella.

Pero hay otra versión, la de que no es feliz en su matrimonio con el príncipe Guillermo, con quien está casada desde octubre de 2012. Y es que la prensa amarillista asegura que el heredero luxemburgués no siente la menor atracción por las mujeres y que se casó por órdenes de sus padres, los Grandes duques Enrique y María Teresa.

Estefanía con su marido y sus suegros.

A esta versión se suma el que pasan y pasan los años y Estefanía no logra concebir. El tiempo avanza pero la futura monarca ha comentado que «no hay prisa».

El poco entusiasmo que su marido y ella muestran en torno a la paternidad, constrasta con el del hermano de Guillermo, el príncipe Félix, y su esposa, la bella y carismática princesa Clarie, quienes ya procrearon 2 hijos en menos de cinco años de alegre matrimonio.

En cuanto a Estefanía, su carácter retraído no le ha restado simpatías entre sus súbditos, quienes, simplemente están preocupados por ella y temen que termine por marchitarse en su palacio. Ruegan para que no sea así.

(Por Pedro C. Baca)