“No me voy, ni me iré, quiero estar con mi gente” ha sido la respuesta tajante del rey de los belgas, Felipe I, a la sugerencia de su gobierno para que busque refugio en el extranjero mientras su país recupera la calma, luego de los atentados que recién sacudieron a Bruselas.

“El monarca representa la unidad nacional y no rehuirá esa responsabilidad”, explicó el jefe de Estado, con su acostumbrado tono moderado, pero determinante que tanto ha gustado a sus súbditos.

Monarca desde el 21 de julio de 2013, luego de la abdicación de su padre Alberto II, a Felipe le ha tocado un reinado nada aburrido. Primero, ha tenido que mediar entre las dos minorías casi irreconciliables que conforman este pequeño, pero inmensamente rico estado europeo. Las diferencias entre ambas comunidades lo han obligado a encabezar el gobierno nacional. Algo insólito para estos tiempos en que los monarcas se enfocan en promover actividades altruistas.

Ahora, al lado de su esposa Matilde y la joven heredera Isabel, ha estado al pendiente de los sobrevivientes de los atentados en el aeropuerto y el metro de Bruselas. “Tengo que servir para más que entregar premios y repartir sonrisas”, ha dicho el soberano en sus recorridos por los hospitales que atienden a las víctimas de los fatales incidentes.

Además, como muestra de solidaridad, Felipe y su familia ni siquiera tomarán vacaciones en Semana Santa y Pascua.

Los reyes de Bélgica de luto por los atentados en su país

(Por Pedro Baca)