Felipe de Edimburgo, esposo de la reina Isabel II, festeja su cumpleaños 99 lleno de lucidez y vigor.

Príncipe del Reino Unido y patriarca de la Casa Real británica, el duque de Edimburgo cumplió 99 años de edad y se ha mostrado en perfectas condiciones para celebrarlo en privado.

El marido de Isabel II está retirado de la vida pública desde 2017 por lo que no hubo fotos oficiales de la celebración.

De acuerdo con publicaciones en redes sociales de la Familia Real Británica sabemos que Felipe de Edimburgo pasó el día en el Castillo de Windsor con su rutina de costumbre.

El príncipe hizo una caminata de madrugada, desayunó para luego recibir varias videollamadas, visitó a sus caballos a medio día y tomó el té con su esposa a las cinco en punto de la tarde.

Para bien de todos, Don Felipe ha renunciado a conducir su jeep luego de un aparatoso accidente en el que su auto chocó contra otro y dejó a una mujer lesionada.

Guerrero, más que príncipe

Convertido en el integrante de la realeza europea más longevo, el duque de Edimburgo puede jactarse de haber llevado una vida intensa, pero con la sensatez que le exige su posición de príncipe consorte.

Quinto hijo de los príncipes Andrés de Grecia y Dinamarca, y de Alicia de Battenberg, Felipe nació en Grecia pero creció en Inglaterra.

Estuvo internado en exclusivos colegios y apartado de sus padres, distanciados entre sí por los graves trastornos siquiátricos de la princesa Alicia.

A pesar de la adversidad, el actual duque de Edimburgo fue un joven centrado que se destacó en su preparación militar en el Britannia Royal Naval College.

Además, fue valiente combatiente durante la Segunda Guerra Mundial.

Dios griego

Irresistiblemente atractivo en su juventud, distintas crónicas daban cuenta de las características que le ganaron el apodo de «Dios griego».

«Altísimo, fuerte y rubio, con mirada seductora y modales elegantes, pero muy masculinos».

A los 26 años dio un paso definitivo en su vida:

El entonces príncipe Felipe de Mountbatten contrajo matrimonio con la entonces princesa heredera Isabel, su prima lejana, a quien aprendió a seguir en un discreto segundo plano.

Caballero ninguneado

Felipe de Edimburgo se casó firmemente comprometido con lo que se esperaba de él, pero no fue una decisión fácil, explican sus biógrafos.

Ni siquiera pudo heredar su apellido Mountbatten. La Casa Real decidió que sus descendientes con título nobiliario llevaran el apellido materno, Windsor.

Sin embargo, logró formar un hogar estable con la reina y dirigió con mano de hierro la educación de sus hijos Carlos, príncipe de Gales, Andrés, duque de York, Eduardo, conde de Wessex, y Ana, princesa real.

Cabeza de familia

Desde que Isabel II ascendió al trono, en febrero de 1952, es decir, hace más de 68 años, Felipe de Edimburgo ha sido un apoyo muy importante para la monarca.

Su esposa escucha siempre atenta sus puntos de vista.

No han faltado quienes lo señalen como el representante del ala más conservadora de la realeza, aquella que se opone a cualquier modificación al rígido protocolo bajo el que se conduce.

Inclusive se ha dicho, no sin cierta razón, que el príncipe consorte fue uno de los enemigos más despiadados de la princesa Diana de Gales, su nuera, a quien describía como «la decepción».

Mordaz e impertinente

El consorte de la monarca británica es ejemplo de pulcritud y elegancia, pero también de un sentido del humor impertinente.

Esa «característica» se refleja en comentarios poco adecuados como cuando se reunió con adolescentes y dijo «no volarás nunca porque estás muy gordo» a un chico que le expresó su deseo de ser astronauta.

En otra ocasión, durante una gira por China, preguntó a un grupo de estudiantes de aquel país «si alcanzaban a ver algo con esos ojos tan rasgados».

Reproches filiales

Felipe vivió el momento más amargo a fines de la década de los noventa, cuando su primogénito, Carlos de Gales, se quejó de él en una entrevista.

«Fue un padre muy distante, insensible, exageradamente severo y muy poco comprensivo».

En esa conversación el futuro rey británico confesó que en su niñez le aterraba convivir con un padre tan perfeccionista. «Siempre me hizo sentir que yo no cumplía lo que él esperaba de mí».

Tal vez para compensar al príncipe Carlos, su padre lo apoyó en su decisión de casarse en segundas nupcias con Camila Parker-Bowles y lo acompañó al enlace.

Amor incondicional

Con los años, la relación entre ambos ha mejorado.

Además, para nadie es un secreto que el duque de Edimburgo adora a los hijos de Carlos, los príncipes Guillermo y Enrique, con quienes ha sido más flexible y cariñoso.

Tampoco es un secreto que Felipe de Edimburgo se siente halagado cada que alguien de su círculo cercano saca a relucir el enorme parecido entre su nieto Enrique y él.

La verdad es que si el duque de Sussex no fuera pelirrojo sería el vivo retrato de su abuelo durante la juventud.

Balance satisfactorio

Después de toda una vida a cumplir su papel como esposo, colaborador y sostén de una peculiar familia, Felipe de Edimburgo tienes muchos motivos para sentirse satisfecho.

En especial porque la línea de sucesión está garantizada por tres generaciones, con su hijo Carlos, su nieto Guillermo y su bisnieto Jorge.

Muchos de sus súbditos creen que don Felipe ha sido el verdadero James Bond, por qué quien si no él ha estado incondicionalmente «al servicio de Su Majestad».

Por Pedro C. Baca

Fotos AFP y Casa Real Británica