Fumihito de Japón encabeza la lista de sucesión al «Trono de Cristantemo», pero su proclamación se postergó por la emergencia sanitaria que causó la COVID-19.

Cierto, la Casa Imperial más antigua del mundo no tiene oficialmente príncipe heredero.

Todo por culpa de la pandemia desatada por la COVID-19, así como las rigurosas medidas tomadas para impedir su propagación. Entre ellas la prohibición de reuniones concurridas.

En el caso de Japón, las medidas se han cumplido con estricto rigor y eso afectó la agenda de la realeza de aquel país asiático.

Es más, obligó a la cancelación de su compromiso más importante para este año, la proclamación como heredero de Fumihito de Japón, conocido también como príncipe Akishino.

Y, al momento de escribir esta nota, no hay fecha para llevarla a cabo.

Herencia masculina

Fumihito, príncipe Akishino, con su esposa Kiko y sus hijos Mako, Hisahito y Kako.

Como recordarás, Japón tiene nuevo monarca desde mayo del año pasado, el emperador Naruhito, quien solamente tiene una hija, la princesa Aiko, sin derecho a heredarlo simplemente por ser mujer.

Así las cosas, el primer lugar en la línea de sucesión al trono recayó en manos de Fumihito, único hermano varón de Naruhito.

El príncipe Akishino (nombre que corresponde a la Casa Imperial que encabeza) cuenta con una gran ventaja: tiene un hijo varón, el príncipe Hisahito, quien en teoría también será soberano.

Ritual postergado

De llegar al trono japonés, Fumihito lo heredaría a su hijo Hisahito, en el centro de la foto.

La postergación indefinida de la ceremonia de proclamación de Fumihito (actualmente de 54 años) ha permitido ganar tiempo a quienes abogan por eliminar estrictas disposiciones que rigen a la monarquía japonesa.

La mayor exigencia es eliminar aquella que impide en cualquier circunstancia el ascenso de una mujer al trono.

Hacerlo permitiría nombrar heredera a la princesa Aiko.

Los partidarios de la muchacha ven, en la postergación indefinida de la proclamación de Fumihito, «una señal divina» para proseguir con la reforma de una monarquía en peligro de extinción.

Por Pedro C. Baca

Fotos Agencia de la Casa Imperial de Japón y AFP