A toda acción corresponde una reacción. Y eso es lo que empezamos a ver en la industria de la moda femenina: un rebote en la estética que se impuso desde los años sesenta del siglo XX, que de curvas pronunciadas en la figura femenina fue mutando hasta llegar a cuerpos mucho más delgados o, como se suele decir, “estilizados”.

Esa historia se intensificó en la década de los noventa –luego de que en los ochenta reinaban “supermodelos” como Naomi Campbell–, cuando surgen ejemplos antes inimaginables de delgadez en las modelos en diferentes pasarelas del mundo.

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Ese fenómeno puede responder a varias causas: una, que diseñadores como Calvin Klein, Alexander McQueen o Marc Jacobs empezaron a contratar a jóvenes mucho más delgadas que sus predecesoras. Fue justamente Klein quien, en 1992, tomó a la muchacha Kate Moss como musa, porque tenía “algo de niña y mujer, una especie de sensualidad que pienso es muy excitante”, según sus propias palabras.

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Segunda posible razón: un asunto de eficiencia en tiempo y costos de las casas de diseño, que hacen muestras de sus prendas de un mismo tamaño tanto para las pasarelas y como para las sesiones de foto de revistas de moda, y por tanto las modelos deben ajustarse a esas muestras. Toda la ropa es de la misma talla (y esa talla es minúscula).

Tercera posible razón: los creadores de moda –muchos de ellos, por cierto, gays– prefieren que luzca la ropa, no la modelo. Entre menos aparezca ésta, mejor se muestran sus diseños.

En todo este camino varios diseñadores abrazaron una tendencia más de lo “ultra-delgado”: prefieren para las pasarelas a chicas con aspecto andrógino, es decir, que parezcan muchachos desgarbados y algo afeminados.

Así, las tallas que en los años ochenta fluctuaban, en promedio, entre la seis y la ocho, en el siglo XXI pasaron a estar en la cuatro, la dos, incluso la infantil cero.

En esa misma lógica, como los vestidos de alta moda son de, máximo, talla cuatro, las actrices de cine que quieran usarlos –prestados– deben entrar en ellos. Esa y otras razones psicológicas y prácticas (el cine hace que luzcan con unos kilitos extra), hacen que estrellas de Hollywood que solían lucir una complexión estándar, ahora se desvivan por verse cada vez más flacas.

El rebote

Sin embargo, ante la ola de ultra delgadas con aspecto enfermizo y con trazos de anorexia y bulimia, varios países empezaron a prohibir la exhibición de chicas tan desmejoradas en las pasarelas. Dinamarca tiene un código que garantiza una imagen corporal más sana, en Italia hay un convenio entre el gobierno y el gremio de la moda de Milán para contratar a chicas más saludables, en Israel está prohibido contratar modelos tan delgadas, y en Francia hay iniciativas para impedir la ultra delgadez.

Por su parte la Organización Mundial de la Salud establece mínimos del índice de masa corporal para una persona sana, que se sitúa entre 18 y 25 (la delgadez severa anda en 16).

Ante esa situación y el persistente estereotipo que vincula la belleza con la delgadez, o que sataniza las redondeces, surge un movimiento encabezado por editores de revistas, creadores de moda y modelos que critican a quienes obligan a las chicas a andar en los huesos. Denuncian que la apariencia de anorexia no es bella y en cambio puede ser peligrosa.

A inicios de nuestro siglo surgieron modelos como las brasileñas Gisele Bündchen y Caroline Ribiero, o la británica Jordan Dunn, que por su figura curvilínea –pero para nada obesa– llamaron la atención. Dunn, de hecho, denunció la couture torture (costura de tortura, en vez de alta costura). Ellas ni siquiera alcanzaban el clásico 90-60-90 pero aun así no todos los creadores de moda las preferían.

Así, el modelo cultural que prefiere a las muy delgadas tiene contrapartes y detractores. Mujeres con apariencia más normal e incluso entradas en algunos kilitos, llamadas “modelos plus size”, irrumpen en las pasarelas del mundo, para beneplácito de muchos hombres, que ven con gusto a muchachas con formas femeninas, rotundas.

Entre las modelos que andan en tallas normales y grandes figuran estos nombres. Son mujeres que reivindican el derecho a lucir con una talla que no implique medio matarse de hambre y de ejercicio. La mayoría ha engalanado portadas de revistas y caminado por pasarelas internacionales.

Ashley Graham

La modelo ‘plus size’ de lencería más reconocida.

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Chloe Marshall

Llegó a la final de Miss England siendo talla 16.

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Laura Wells

Otra belleza australiana que posa para múltiples revistas.

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Tara Lynn

Como modelo de H&M, encabeza el movimiento “Big is Beautiful”.

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Stefania Ferrario

Critica el término plus size para quienes estén arriba de la talla 4.

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Candice Huffine

Con su talla 13 fue en 2015 la chica del Calendario Pirelli.

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Marquita Pring

Modelo de Levi’s, denunció que muchas marcas no aceptan modelos con tallas medias.

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Robyn Lawley

De talla 12, es modelo de lencería, y trabaja para marcas como Mango y Ralph Lauren.

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Hayley Hasselhoff

Modelo hija de David Hasselhoff, clama por respeto por las mujeres de todos tamaños.

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Kate Upton

Tiene millones de fanáticos y fue nominada como la mujer más sexi de la revista People.

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Nadia Aboulhons

Blogger, modelo y diseñadora, su actitud e imagen ha empoderado a millones de mujeres.

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Jennie Runk

Es ella misma y hasta sube de peso para modelar. Protagoniza campañas en H&M.

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Geogina Burke

Joven australiana quien es la imagen oficial de la marca Torrid.

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Iskra Lawrence

Recibió rechazo por sus medidas pero prevaleció. Es modelo de American Eagle.

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(Por JRH)