Muchos padres preocupados por los contenidos peligrosos o con contenido sexual que hay en internet se preguntan cuándo deben –si es que deben–, dar el primer teléfono a sus hijos. No es un asunto menor, aunque algunos padres ni se lo cuestionen. Hace algunos años un hermano mío le regaló un celular a mi hija cuando ella cursaba apenas quinto de primaria. No muy convencido, al final agradecí el gesto debido a que todavía no irrumpían los smartphones: el celular de color rosa que hizo sonreír a la niña sólo era capaz de hacer y recibir llamadas y enviar restringidos mensajes de texto.

Sin embargo, las cosas han cambiado mucho en unos cuantos años. Hoy miles de familias en varios países se están planteando seriamente cierto tipo de restricciones para que sus hijos no se sientan fuera de un mundo cada vez más conectado pero al mismo tiempo estén protegidos contra los riesgos de estar expuestos a contenidos no aptos para mentes aún infantiles e inmaduras.

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En Estados Unidos, en promedio, los niños reciben su primer smartphone a los 10 años de edad. Hace cuatro años ese promedio era de 12 años, o sea que los padres están cediendo más pronto ante la presión (incluso hay chicos de siete años que ya los tienes en sus manos, reporta The New York Times citando a expertos en seguridad web).

Esa es la razón por la cual muchos padres hoy buscan modelos de teléfonos “tontos”, muy básicos que sólo sirvan para llamar o intercambiar MSN.

Por cierto, mi hija –y que ahora, ya más crecidita, tiene un modesto iPhone herencia de su madre– , hace un par de años me confesó muy preocupada los tremendos problemas en los que se había metido un par de amigas suyas por haber dejado que muchachos inconscientes les tomaran fotografías topless en poses comprometedoras, imágenes que luego difundieron en redes sociales.

Por esas razones expertos en seguridad de México y Estados Unidos coinciden en un punto: entre más tarde los hijos reciban un smartphone, mejor. Además de que evitan que se distraigan de sus tareas escolares, los alejan de la adictiva pornografía que suele ser riesgosa cuando se consume prematuramente, y los mantiene relativamente a salvo de los criminales sexuales.

Un estudio de 2016 de la organización Common Sense Media entre más de 1,200 padres e hijos, reveló que la mitad de los jóvenes reconocen que tienen adicción y que usan demasiado su celular. Se descubrió que un tercio de los padres discuten con sus hijos a causa del uso de su teléfono… ¡todos los días!.

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Ante ello, los adultos tienen a su alcance ciertas medidas en forma de aplicaciones en los teléfonos Android y Apple que restringen el acceso a ciertos sitios potencialmente riesgosos. No garantizan que los chicos se las ingenien para romper los candados, pero al menos se les da la señal de que hay cosas que vale la pena dejar para después.

Hablar con los chicos, medir su grado de responsabilidad y comprometerlos a su autocuidado siempre será mejor que cualquier app.

De cualquier forma estas son algunas de las herramientas que ayudan a los mayores a tener la necesaria supervisión sobre los niños:

  • Qustodio. Bloquea aplicaciones y monitorea la actividad.
  • Kuukla. Bloqueo personalizado de aplicaciones y páginas, limita y gestiona los horarios de uso de los hijos.
  • Norton Family. El famoso antivirus tiene su app de control parental, restringe y monitorea el histórico de páginas vistas, incluido el tiempo de navegación.
  • Kid’s Place. Se pueden crear perfiles personalizados según la necesidad. Obliga a permanecer en aplicaciones o sitios en los cuales debe estar el niño, y restringe el uso de internet y la entrada a páginas indeseables.
  • El Control Parental. Es un launcher que monitorea la actividad, impone tiempo límite de uso, y rastrea el aparato para saber dónde se encuentra.

(Por JRH)