Cierto, Meghan de Sussex tiene estatus de «princesa consorte británica», pero también uno inesperado: no es ciudadana del Reino Unido.

Ser esposa del príncipe Harry no la eximirá ni de esperar un «tiempo prudente», ni mucho menos de pagar el papeleo para conseguirlo.

Esta situación nada tiene que ver con desaires por parte de su cuñado el príncipe Guillermo, tampoco con el desdén de la reina Isabel II.

Simplemente se trata de un trámite burocrático que debe cubrir como cualquier otro mortal, de sangre azul o plebeyo, como ella lo fue hasta antes de casarse.

Meghan y Harry de Sussex.

Meghan y Harry se casaron el 19 de mayo de 2018, en ese momento la flamante novia tenía la nacionalidad estadounidense (recordemos que nació en California).

Ciertamente al momento de dar el «sí quiero» empezó a compartir los títulos nobiliarios de su guapo esposo, comenzando por el ducado de Sussex, pero no la convirtió en ciudadana británica.

En ese momento comenzó el trámite para adquirir la nacionalidad de su esposo.

El papeleo migratorio durará tres años (de los que ya han transcurrido la mitad) y servirá para que las autoridades constaten la autenticidad del vínculo.

Además, comprobarán que la aspirante a ciudadana del Reino Unido tiene un «modo honesto de vivir» y conoce lenguas y cultura de su nuevo país.

En este periodo de prueba Meghan de Sussex deberá aportar el equivalente a 1,726.52 dólares para costear los trámites migratorios.

Si por algún motivo su solicitud no es aprobada, la esposa del príncipe Harry ya está advertida de que no le devolverán el dinero.

Por Pedro C. Baca

Fotos AFP