Lo que estoy a punto de decir es alto secreto. Hay un grupo poderoso de personas ahí fuera que secretamente dominan el mundo. Hablo de tipos de los que nadie sabe nada. Tipos que son invisibles. El top 1% del top 1%. Tipos que juegan a ser Dios sin permiso. Y ahora, creo que me están siguiendo.

Apenas han pasado escasos minutos de que te sentaste a ver la serie del momento –premiada por los Globlos de Oro como la mejor serie de drama– y ya te enganchó.

Mr. Robot 1

Elliot (Rami Malek) es un talentoso programador que trabaja para AllSafe como ingeniero en ciber seguridad, por las noches es un hacker justiciero. Con dificultades para socializar y una psicosis que le genera delirios de persecución, su vida de un vuelco cuando Mr. Robot (Christian Slater), un anarquista lo recluta para formar parte de la FSociet, un grupo de hackers antisistema, cuyo objetivo es iniciar una revolución político-económica y su primer objetivo es E Corp, el cliente principal de la empresa para la que Elliot trabaja.

Con una atmósfera que varios críticos señalan como similar a El Club de la Pelea (Fight Club, 1999) de David Fincher. Elliot es nuestro Tyler Durden moderno, desea romper con el sistema, castigar a los chicos malos, pero para ello también debe romper reglas y mancharse un poco las manos. ¿Cómo un adicto con depresión clínica tiene la capacidad moral para juzgar quién debe ser castigado?

La serie está narrada desde la visión particular de Elliot, por momentos nos hace difícil separar la realidad de sus delirios, sumergiéndonos en su mundo, nos hace vivir el personaje.

Mr. Robot no es el primer intento en televisión que toca la temática hacker, pero si es el que retrata mejor el tema y se acerca más a las nuevas generaciones. Sam Esmail, guionista de la serie, destaca lo importante que fue retratar el mundo de los hacker, su lenguaje social  y de programación, puede notarse que la parte técnica es muy importante en la serie.

Con sólo diez capítulos en su primera temporada, Mr. Robot es una serie que refleja lo cotidiano de nuestros tiempos, nos hace pensar si nuestra vida debe concentrarse en un dispositivo, si el sistema funciona o si debemos modificarlo. Quizás sería buen momento de dar un reboot (reinicio) a nuestro sistema interno.

(Por Alberto Heredia @albher)