El relevo generacional ha llegado por fin a la casa real japonesa, una de las más antiguas del mundo. El emperador Ahikito de 82 años informó su intención de abdicar en favor de su primogénito, el príncipe Naruhito, un sonriente historiador de 56 años, quien dentro de poco enfrentará el reto de modernizar a una monarquía muy respetada, pero cada vez más alejada de sus súbditos.

Detrás de su padre, el emperador Akihito

Detrás de su padre, el emperador Akihito

Naruhito nació en el Palacio de Tsugo en Tokio, pero su madre, la actual emperatriz Michiko, se esmeró en que conviviera con niños y jóvenes de otras clases sociales. Sus estudios universitarios los curso en Oxford, Inglaterra, y Gakushuin, Universidad en la que se especializó en historia medieval japonesa.

Debido a su figura menuda y corta estatura, jamás captó el nivel de atención de otros miembros de la realeza de su generación, pero tampoco fue enamorizado.

Su corazón ha latido fuerte solamente por Masako Owada, una brillante economista y diplomática, a quien tuvo que pedir 10 veces que se casara con él antes de recibir un sí por respuesta.

En su boda celebrada bajo el rito sintoísta.

En su boda celebrada bajo el rito sintoísta.

Los enamorados se casaron bajo los mejores augurios en junio de 1993. Sin embargo, su felicidad pronto se empañó por los problemas para procrear. Uno a uno fracasaron los tratamientos a los que Masako se sometió.

Naruhito se mantuvo al lado de su esposa y pidió paciencia. La espera terminó el 1 de diciembre de 2003, con el nacimiento de la princesa Aiko, «Niña del amor», en japonés.

 

Con su única hija, Aiko, días después del nacimiento de la bebé.

Con su única hija, Aiko, días después del nacimiento de la bebé.

La alegría con que el nuevo papá contrastó con la frialdad del resto de la familia imperial que no ocultó su decepción. El Trono del Crisantemo está vedado a las mujeres, así que, palabras más, palabras menos, Naruhito siguió sin heredero.

Masako y Naruhito con su pequeña Aiko y la mascota de la familia.

Masako y Naruhito con su única hija y la mascota de la familia.

A pesar de su sentido del deber, Naruhito ama tanto a su esposa que ha rechazado las «sugerencias» del emperador para que se divorcie y forme una nueva familia. Hasta ahora se muestra resignado a que el segundo lugar en la línea de sucesión lo ocupe su hermano, el príncipe Fumihito.

Naruhito y Masako escoltando a los emperadores

Naruhito y Masako escoltando a los emperadores

Después de que sea coronado, el nuevo emperador japonés tendrá la posibilidad de cambiar la historia y convertir a su hija en heredera. Se trataría no solo de un gesto amoroso hacia ella, sino una medida del mayor simbolismo a favor de la equidad de género en su país. Pronto se verá si decide dar ese paso trascendental.

(Pedro C. Baca)