Rania de Jordania llega a su medio siglo de vida más bella que siempre y comprometida con distintas causas sociales.

Radiante en su cumple número 50, Rania, la soberana consorte hachemita, puede celebrar también que es todo un referente para las mujeres de Medio Oriente.

Proveniente de una familia acaudalada de Kuwait, Rania al-Yassin se incorporó a la realeza en 1993.

Entonces se casó con Abdalá Al-Hussein, príncipe heredero de Jordania.

Fue por amor, algo no visto antes en la realeza del mundo árabe y musulmán.

Seis años después, al lado de su carismático marido, llegó al trono jordano.

Su misión fue mucho más allá de sonreír en actos protocolarios.

Se convirtió en el rostro amable, y de cambio, de un país ubicado en uno de los territorios más conflictivos del orbe.

Destino diferente

La inmensa mayoría de las royals de Medio Oriente y el Golfo Pérsico se quedan en sus palacios disfrutando de su riqueza.

El destino de Rania de Jordania ha sido bien distinto.

La reina ha sido una excelente embajadora y, al mismo tiempo, férrea defensora de los derechos de mujeres y niños.

Estas causas sociales la llevan a participar frecuentemente en eventos como el Foro Económico de Davos.

Además, tuvo la osadía de abrir cuentas en redes sociales como twitter e instagram.

No se limita a publicar fotos de compromisos sociales, sino a expresar sus ideas sobre temas como inclusión social.

Por otra parte, Rania de Jordania quiere ampliar los espacios de participación de las mujeres.

Pero ha sido lo suficientemente prudente para no verse irrespetuosa con las normas islámicas que rigen a la sociedad jordana.

Familia feliz

Como tantas otras madres de familia, para Rania la prioridad son sus hijos Hussein, Imán, Salma y Hashem.

A los cuatro les inculca valores y los estimula a comportarse sin ostentación. Muy lejos de los excesos que caracterizan a otras casas reales de Medio Oriente.

Para nadie es un secreto que adora al futuro rey Hussein, su hijo mayor, y que mima al príncipe Hashem, su descendiente más pequeño.

Pero al mismo tiempo pone especial atención en la crianza y educación de sus dos hijas, las princesas Imán (cada vez más parecida a ella) y Salma.

Tanto su esposo, el rey Abdalá como ella, quieren que estas jovencitas sean mucho más que figuras decorativas.

Desean que las princesas lleguen a ser mujeres preparadas y productivas, con mucha conciencia de lo que ocurre en su país y el mundo.

Por ello, la princesa Imán ya terminó la universidad, en tanto que Salma es oficial de la Fuerza Aérea de su país.

Matrimonio sólido

Probablemente el mayor logro de Rania ha sido mantener un matrimonio armonioso y lleno de cariño con Abdalá II.

No son escasas sus muestras de cariño, incluso en público. Algo nada usual entre las parejas de la realeza de esta parte del mundo.

De hecho, ningún otro monarca en el mundo musulmán presenta a su cónyuge en público. La excepción fue Mohamed VI de Marruecos, pero su matrimonio fracasó.

Por otra parte, los detalles amorosos de Rania ablandan a su marido, un rey bien conocido por su carácter enérgico.

Desafíos a corto plazo

Uno de sus principales desafíos en el futuro será mantener unida a una familia llena de jóvenes con ansias de hacer su voluntad.

Tres de sus cuatro hijos ya son francamente independientes e inclusive ya cumplen responsabilidades inherentes a su título nobiliario.

Pero no dejan de ser hijos de familia.

«Sé que son príncipes y uno de ellos será rey, pero en casa se comportan como chicos conscientes de que nada en la vida es regalado», reitera Rania de Jordania, con la sonrisa tímida pero deslumbrante que la caracteriza.

Por Pedro C. Baca

Fotos Centro de medios reina Rania